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Full text of "Cuando Se Piensa En El Aborto"

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Serie de la Familia 


UANDO 
EN Piensa 


: en el 


De 


- / Daniel S--Schipar a 





















UANDO 
Se Piensa 


en el 
Aborto 


Library 
Assoc. Mennonite Biblical Seminaries 
3003 Benham 
Elkhart, Indiana 46517 





UANDO 
Se Piensa 


en el 
Aborto 


Daniel S. Schipani 


Editorial Mundo Hispano 


EDITORIAL MUNDO HISPANO 
Apartado 4256, El Paso, Tx. 79914 EE. UU. de A. 


Agencias de Distribución 


ARGENTINA: Rivadavia 3464, 1203 Buenos Aires 
BRASIL: Rua Silva Vale 781, Río de Janeiro 
BOLIVIA: Casilla 2516, Santa Cruz 
COLOMBIA: Apartado Aéreo 55294, Bogotá 2 D. E. 
COSTA RICA: Apartado 285, San Pedro 
CHILE: Casilla 1253, Santiago 
ECUADOR: Casilla 3236, Guayaquil 
EL SALVADOR: 10 Calle Pte. 124, San Salvador 
ESPANA: Arimón 42, 08022, Barcelona 
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GUATEMALA: 12 Calle 9-54, Zona 1, 

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HONDURAS: 4 Calle 9 Avenida, Tegucigalpa 
MEXICO: José Rivera No. 145-1 
Col. Moctezuma 1* Sección 
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Vizcaínas 16 Ote. 

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Matamoros 344 Pte. 

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Cd. Juárez, Chih., México 
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PARAGUAY: Pettirossi 595, Asunción 
PERU: Apartado 3177, Lima 
REPUBLICA DOMINICANA: Apartado 880, Santo Domingo 
URUGUAY: Casilla 14052, Montevideo 
VENEZUELA: Apartado 152, Valencia 2001-A 


O Copyright 1990. Editorial Mundo Hispano 
Prohibida su reproducción parcial o total. 
Todos los derechos reservados. 
Primera edición: 1990 
Clasificación decimal Dewey: 179.76 
Temas: 1. Aborto — Aspectos morales y religiosos 
ISBN: 0-311-46267-7 
E. M. H. Art. No. 46267 
4 M 9 90 4826-15 


Printed in U. S. A. 


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Indice 


Introducción: ¿Por qué el tema del aborto? 


1. ¿Cuándo se considera la posibilidad del 
aborto? 


2. ¿Cuándo comienza la vida de un ser 
humano? 


3. ¿Qué pistas bíblicas debemos 
considerar? 


4, ¿Quiénes deciden sobre la opción del 
aborto? 


5. ¿En qué consisten las opciones 
disponibles? 


6. ¿Debe despenalizarze y legalizarse 
el aborto? 


7. ¿Cómo orientar... cómo ayudar? 
Conclusión 


Apéndice: Carta abierta testimonial a 
parejas cristianas 


93202 


9 


11 


19 


28 


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Introducción: 
¿Por qué el tema del aborto? 


El aborto es un tema que, por lo general, no 
tratamos en forma franca y comprensiva. La razón 
es simplemente que tenemos frente a nosotros un 
asunto difícil y candente que con frecuencia se 
rehuye, pero que debe considerarse. El aborto 
representa un problema muy serio a nivel mundial 
y específicamente en el pueblo hispano, aunque 
nadie puede determinar exactamente cuántas vidas 
están afectadas anualmente por las decisiones que 
conducen al aborto. Comencemos mientras tanto 
con una clarificación de conceptos 

La palabra “aborto” proviene del latín y significa 
literalmente “no nacido”. El término se refiere a la 
criatura que no logra nacer viva debido a que, por 
alguna razón, muere en el útero de su madre. Es 
decir, que el proceso de gestación no llega a feliz 
término con el nacimiento de un nuevo ser huma- 
no. Esa muerte prematura puede deberse a algún 
trastorno o enfermedad del propio ser en gestación 
o de su propia madre, o de algún accidente tal como 
una caída o el impacto de un golpe fatal. Aquí se 
trata del llamado aborto espontáneo o aborto natu- 
ral, ya que nadie ha intentado interrumpir o des- 
truir esa vida en proceso de desarrollo. 

El tema de este libro es el aborto provocado o 
inducido. Es el caso de todas las situaciones en que 


9) 


6 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


se ha tomado la decisión consciente de acabar con 
la vida del ser que se está gestando en el vientre de 
su madre. Hay varias razones por las cuales se 
decide provocar el aborto y ellas definen a su vez 
diversos tipos de aborto como los siguientes (que 
ilustraremos en el primer capítulo): el aborto tera- 
péutico se realiza con la intención de salvar la vida 
de la madre o de mejorar su estado de salud física o 
emocional; el aborto eugenésico es el que se provoca 
para evitar que nazca un niño con serios defectos 
físicos o mentales; el aborto por motivos éticos, a 
veces también llamado honoris causa, se permite 
en ciertos casos para salvar el honor u ocultar la 
deshonra de una mujer violada, por ejemplo (y por 
lo tanto puede ser un caso de aborto terapéutico); el 
aborto social o con indicación demográfica, corres- 
ponde al que se realiza por razones socioeconómi- 
cas, por ejemplo para evitar que una familia que ya 
tiene varios hijos se haga más grande y difícil de 
sostener, o para evitar que muchos nuevos naci- 
mientos hagan aumentar una tasa alta de creci- 
miento poblacional. 

No hay duda de que el problema del aborto 
incluye una variedad de facetas. Hablar del aborto 
es referirse a un problema legal, médico, social, 
económico, moral y espiritual. En cierta forma 
todos estamos afectados. El tema es causa de 
mucha discusión y aun de posiciones muy polariza- 
das a favor y en contra del aborto en sí o de 
permitirlo y legalizarlo. Por ejemplo, en muchos 
países se estudia bajo qué circunstancias la prácti- 
ca del aborto debe despenalizarse. Lo cierto es que 
en el mundo hispano hay una amplia práctica del 
aborto ilegal o criminal, es decir, realizado en forma 
clandestina y en condiciones de mucho riesgo para 
la vida y la salud de las mujeres involucradas. De 
modo que un argumento común a favor de legalizar 
el aborto y de hacerlo accesible es la preocupación 


Introducción Y 


de que se provean condiciones minímas de seguri- 
dad y protección, especialmente para las personas 
de escasos recursos que tienden a ser víctimas de 
un sistema social injusto. 


Nuevos desafíos 


Además de las consideraciones a que aludimos 
arriba, tenemos que tener en cuenta que en los 
últimos años han ocurrido varios desarrollos y 
descubrimientos que muestran otras caras del pro- 
blema del aborto o arrojan nueva luz sobre él. Aquí 
podríamos citar los cuatro siguientes: 1. Cambios 
en el concepto de cuándo el feto es “viable”, es 
decir, capaz de vivir por sí mismo fuera del útero; 2. 
Nuevos conocimientos sobre la vida intrauterina en 
sí; 3. Experimentación con tejido fetal, y 4. La 
introducción de las “pildoras del aborto”. 

1. La creencia común todavía es que los niños en 
gestación son “viables” sólo durante los dos o a lo 
sumo tres meses finales del embarazo. Sin embar- 
go, ciertos avances notables en la investigación y 
las técnicas médicas siguen empujando hacia atrás 
la frontera de la viabilidad del feto. ¡Se han registra- 
do numerosos casos de feliz sobrevivencia de bebés 
nacidos hasta dieciséis semanas prematuramente! 
Esto es muy importante toda vez que la viabilidad 
del feto ha sido un criterio clave para determinar si 
una criatura en gestación tiene o no el derecho de 
vivir. En otras palabras, el argumento típico a favor 
del aborto ha sido que el feto que no puede 
sobrevivir fuera del seno materno no merece la 
misma protección legal de su vida que la sociedad 
otorga normalmente a cualquier persona. Puede ser 
que las nuevas observaciones afecten ese argumen- 
to y tal vez las disposiciones legales que permiten el 
aborto inducido o provocado. 

2. Hace unos pocos años, el doctor Bernard 


8 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


Nathanson, quien una vez dirigió la clínica de 
abortos más grande de los Estados Unidos, se 
“convirtió” a la posición antiaborto después de ver 
películas especiales sobre el proceso del aborto 
desde el punto de vista del feto. El mismo luego 
produjo un documental titulado “El grito silencio- 
so” donde muestra la destrucción de la vida del feto 
en conmovedoras imágenes. Parece que cuánto 
más sabemos sobre la vida intrauterina, más se 
confirma la idea de que se trata de una vida 
humana en proceso de desarrollo. Además, debe- 
mos notar que otros adelantos de la medicina 
moderna hoy día hacen posible asistir al feto para 
prevenir y aun curar ciertas condiciones malignas. 
A todo esto le debemos sumar los grandes avances 
recientes en el tratamiento de enfermedades del 
corazón, los pulmones y los riñones, por ejemplo, 
que antes se consideraban de serio riesgo para la 
vida de la mujer embarazada. De modo que han 
disminuido notablemente muchos justificativos 
tanto para los abortos eugenésicos como para los 
terapéuticos. 

3. Otra área cuyo desarrollo tiene mucho que ver 
con el problema del aborto es la experimentación 
con tejido fetal en las investigaciones médicas más 
recientes. Se trata del uso de tejidos de órganos de 
fetos abortados, con el fin de atacar ciertas enfer- 
medades. Por ejemplo, en México se ha experimen- 
tado con el transplante de tejido fetal en el cerebro 
de pacientes afectados con la enfermedad de Par- 
kinson. También se cree que el tejido de fetos 
abortados puede ayudar a combatir la diabetes y la 
leucemia, entre otras graves dolencias. La justifica- 
ción de tal uso y tal opinión es que el tejido fetal 
crece muy rápido y además parece causar menos 
rechazo que el tejido humano adulto. Lo cierto es 
que se ha desatado una controversia en torno a 
estos experimentos debido a tres razones: hasta 


Introducción 9 


ahora se han utilizado mayormente fetos prove- 
nientes de abortos provocados a voluntad; los inves- 
tigadores tienden a usar tejido “fresco” por ser más 
efectivo, es decir tejido extraído del feto antes de 
que éste muera; podría coercionarse a las mujeres 
para que aborten más tardíamente (ya que el tejido 
fetal es más aprovechable en el caso de fetos más 
desarrollados) aumentándose así los riesgos propios 
de los abortos tardíos. 

4. La “píldora del aborto” es otro descubrimiento 
de interés para nosotros. Se trata de una droga que 
el médico debe prescribir (generalmente combina- 
da con una segunda droga) y que provoca el aborto 
en la mujer que ha estado embarazada unas siete 
semanas o menos. Está destinada a facilitar el 
aborto temprano y a evitar así los métodos clínicos 
tradicionales, especialmente las intervenciones qui- 
rúrgicas (con sus complicaciones posibles, por 
ejemplo, por el uso de la anestesia, el riesgo de 
perforación del útero u otros órganos, y la esterili- 
dad eventual). El uso de estas drogas puede aca- 
rrear sus propios riesgos, como ser una hemorragia 
difícil de controlar, además de transferir el acto del 
aborto en sí a la mujer misma quien debe entonces 
disponer de la criatura en gestación que ha aborta- 
do. 

Obviamente, todo esto complica el panorama del 
aborto aún más. Como en los otros libros de esta 
serie de Editorial Mundo Hispano para la familia, 
procuramos responder al desafío que el tema nos 
presenta con la mayor seriedad y honestidad. Desde 
nuestra perspectiva, el propósito es presentar las 
principales dimensiones del problema del aborto de 
forma que se ilumine la evaluación de la situación y 
se encuentren principios orientadores para cuando 
se piensa en el aborto. Es con tal intención que 
invitamos al lector a acompañarnos en el diálogo a 
través de las páginas que siguen. 





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1. ¿Cuándo se considera 
la posibilidad 
del aborto? 


En este capítulo exploraremos las causas princi- 
pales que conducen a pensar en el aborto, ya sea 
como un mal necesario o como una opción acepta- 
ble dentro de ciertas circunstancias. Comenzare- 
mos entonces con una breve mención de seis casos 
de la vida real. Estos casos nos serviran para ilustrar 
la posibilidad de identificar varias clases de aborto 
inducido o provocado, según nuestra definición en 
la introducción. También nos serán útiles para 
considerar diversas dimensiones de la compleja 
problemática del aborto, dimensiones que toman 
una configuración específica en cada situación 
particular. 

Invitamos a los amigos lectores a involucrarse 
personalmente en la consideración de cada uno de 
los seis casos, para lo cual se recomienda tener en 
cuenta los tres pasos siguientes: Primero, observen 
detenidamente las situaciones presentadas y esta- 
blezcan todos los factores que están en juego según 
los datos disponibles; determinen también qué 
datos adicionales deberían tener para lograr una 
mejor comprensión de cada caso. Segundo, procu- 
ren identificarse en lo posible con todos los protago- 
nistas y, tanto desde esa perspectiva como desde su 


11 


12 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


propio punto de vista, traten de comprender y 
analizar cada situación (así es como pasamos de la 
observación y descripción, en el primer paso, a la 
explicación, en el segundo). Tercero, contesten las 
preguntas que aparecen al final de cada caso 
presentado, las cuales nos invitan a pasar al plano 
de la aplicación y la acción; en otras palabras, una 
vez que hemos observado bien, hemos comprendi- 
do y analizado la situación, la pregunta que se 
impone es, ¿y ahora qué se puede hacer? Segura- 
mente esta lectura y reflexión será aún más prove- 
chosa en diálogo con otras personas dentro y fuera 
de su familia. 


Primer caso 


Maribel, una niña de doce años, ha quedado 
embarazada como resultado de una relación inces- 
tuosa con su padrastro. Debido a la inmadurez 
fisiológica de la muchacha, el embarazo se conside- 
ra de alto riesgo desde el punto de vista médico. 
Además, Maribel está psicológicamente confusa. Se 
le había advertido sobre el peligro de relacionarse 
con hombres extraños, pero no estaba preparada 
para enfrentarse a la seducción por parte de un 
miembro de su propia familia. El padrastro afirma 
que las relaciones sexuales con la niña fueron 
solamente una expresión de su cariño por ella, 
aunque Maribel sintió como que se trataba de una 
invasión de su privacidad y de una expresión de 
fuerza. Es preciso tomar pronto una decisión que 
contemple no solo el destino del ser en gestación, 
sino también la integridad física, emocional y 
espiritual de Maribel y su desarrollo potencial como 
mujer; se 

Si usted tuviese que participar directamente en 
esa decisión a tomarse, ¿qué consideraciones toma- 
ría en cuenta, y, por qué? 


¿Cuándo se considera la posibilidad del aborto? 13 


Segundo caso 


Gladys es una atractiva joven soltera de dieciocho 
años que lleva dos meses de embarazo. Ella ha 
expresado que no desea casarse con el padre de la 
criatura porque no está segura de que lo ama y sabe 
que él se casaría con ella sólo por cumplir con un 
deber de tipo social y moral. La vida familiar de 
Gladys nunca ha sido de mucho apoyo emocional. 
Sus padres se divorciaron cuando ella tenía ocho 
años; además, cuando la madre estuvo muy enfer- 
ma, Gladys y sus dos hermanas pasaron un tiempo 
viviendo con otros familiares. De hecho, Gladys 
nunca se ha sentido plenamente aceptada por otras 
personas, incluyendo a los varones; las relaciones 
sexuales sólo le han suplido cierto sentido de 
aceptación. Sin embargo, desde que se enteró que 
estaba embarazada, Gladys ha sufrido una depre- 
sión continua. Su mamá y algunas de sus amista- 
des le han sugerido que considere el aborto, pero 
ella no sabe bien qué debe hacer... 

¿Cuál cree usted que sería la mejor opción para 
Gladys? ¿Cómo justificaría tal opinión? 


Tercer caso 


Otra joven soltera de dieciocho, María Rosa, 
acaba de descubrir que está embarazada, pero su 
situación es diferente de la de Gladys. María Rosa 
proviene de una familia “bien constituida”, es una 
buena estudiante y se mantiene activa en la iglesia 
local. En su iglesia hasta ahora nunca se ha 
hablado francamente sobre los adolecentes y la 
sexualidad. La “educación sexual” de esta joven ha 
consistido en una película sobre la menstruación 
cuando tenía trece años (que a los varones no les 
permitieron ver) y una clase de biología donde se 
explicó brevemente lo que ocurre cuando un esper- 
matozoide se encuentra con un óvulo, pero sin 


14 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


explorarse siquiera cómo ocurre ni cómo impedir 
que ocurra. En vez de atender a las preguntas de 
María Rosa, su madre le ha dicho que la orientaría 
sobre el sexo una vez que se casara. Su padre le ha 
estado diciendo jocosamente que debe cuidarse de 
los hombres. María Rosa se siente mal. No quiere el 
bebé porque sabe que no está preparada para ser 
madre; por otro lado, dar la criatura para adopción 
implica completar los nueve meses de embarazo, la 
vergúenza de que todos se enteren de su problema 
y, al fin de cuentas, enfrentar el dolor de abandonar 
a su hijo o hija. En cuanto al aborto, siempre ha 
oído que no es una opción correcta, pero ahora no 
está segura... 

¿Cómo ayudaría usted a María Rosa (y, quizá a 
sus padres) a clarificar su situación actual y a 
decidir sobre el mejor curso de acción bajo las 
circunstancias? 


Cuarto caso 


Con quince semanas de embarazo, Susana se 
enfrentó a su médico con mucha ansiedad y él le 
confirmó lo que ella tanto temía. (Estaba conscien- 
te de que a su edad —cuarenta y cuatro años— las 
posibilidades de engendrar un bebé mongoloide 
eran altas —estadísticamente, el doble de casos 
para las mujeres de más de cuarenta años que para 
las de menos de veinticinco). La muestra de líquido 
amniótico examinado en el laboratorio indicaba la 
existencia de un cromosoma adicional. Susana y 
su esposo Joaquín, ya habían decidido no tener más 
hijos; la mayor estaba comenzando la universidad y 
los dos más pequeños estaban en la escuela secun- 
daria. Han pensado en la posibilidad de un aborto y 
Joaquín es de la idea de que la decisión debe 
tomarla Susana, él apoyará cualquier decisión ..... 

¿Cómo aconsejaría usted a esta señora? ¿Involu- 


¿Cuándo se considera la posibilidad del aborto? 15 


craría al esposo de ella en el proceso de orientación 
y toma de decisión? 


Quinto paso 


La misma semana en que Lidia se enteró de que 
su esposo sufría una grave condición cardíaca por lo 
cual no podría trabajar por un año por lo menos, se 
confirmó que estaba embarazada. Dos de sus seis 
hijos están en edad preescolar, además, gracias a 
que Lidia ha estado trabajando afuera, ella y su 
esposo han podido cumplir con sus obligaciones 
financieras (que incluyen el pago mensual de las 
cuotas de la hipoteca de la casa que compraron el 
año pasado). Lidia había estado tomando la píldora 
anticonceptiva pero tuvo que dejarla a causa de 
ciertos efectos secundarios; después había estado 
usando el método anticonceptivo del diafragma. 
Todavía no le ha contado a su esposo lo del 
embarazo porque él ya se muestra deprimido debi- 
do al pronóstico de su enfermedad cardíaca. Lidia 
tampoco se siente en libertad de discutir la opción 
del aborto con su médico. En el caso de Lidia, 
aunque la idea del aborto en sí no le resulta 
atractiva, no tiene escrúpulos religiosos contra el 
mismo... 

Si ella acudiese a usted en busca de apoyo y 
consejo, ¿cómo respondería ante la situación parti- 
cular de Lidia? 


Sexto caso 


Carlos y Edith tienen ambos veintitrés años y han 
estado casados trece meses. Los dos son estudian- 
tes universitarios y, según sus planes, completarían 
sus estudios al cabo de dos años más. Hasta ahora 
no han recibido ayuda financiera alguna de parte de 
sus respectivas familias porque éstas no tienen 


16 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


medios suficientes. Carlos y Edith han estado 
trabajando a fin de cubrir sus necesidades. La 
novedad del inesperado embarazo de Edith les ha 
impactado muy negativamente; ninguno de los dos 
percibe cómo podrían cuidar al bebé en forma 
adecuada y al mismo tiempo continuar con sus 
estudios y sus trabajos. Por primera vez consideran 
seriamente la necesidad del aborto... 

Supongamos que Carlos y Edith le pidieran 
orientación a usted, ¿cómo aconsejaría a esta pa- 
reja? ¿Cómo justificaría su punto de vista? 


Como podemos observar estos seis casos tienen 
obviamente en común el hecho de que los embara- 
zos respectivos y los hijos en gestación son indesea- 
dos por una variedad de motivos. En todas aquellas 
situaciones ilustradas se considera la posibilidad del 
aborto por distintas causas y también a la luz de 
circunstancias diferentes. Para Mabel se trataría de 
un aborto terapéutico, debido a que está en juego la 
salud física y emocional, y quizá la vida misma de la 
niña; además, el padrastro de Maribel claramente 
cometió incesto y violación, lo cual de por sí se 
acepta a menudo como posible causal de aborto 
(por ejemplo en aquellos países en que el aborto 
está legalizado o por lo menos “despenalizado”). En 
el caso de Gladys se puede alegar que corresponde- 
ría también al caso de aborto terapéutico en la 
medida en que su depresión se diagnosticara como 
un serio riesgo emocional y que el embarazo de 
alguna forma aumentara peligrosamente tal riesgo. 

Las situaciones que enfrentan Lidia, Carlos y 
Edith se parecen en que el aborto en ambos casos 
funcionaría como una medida de control de la 
natalidad frente a embarazos no planeados. Por su 
parte, con el apoyo de su esposo Joaquín, Susana 
contempla el llamado aborto eugenésico, es decir el 
aborto provocado para evitar que nazca un ser 


¿Cuándo se considera la posibilidad del aborto? 17 


humano con serios defectos físicos o mentales. Por 
último, el caso de María Rosa es como el de muchas 
adolescentes sorprendidas con la realidad de un 
embarazo debido a la falta de orientación sexual y 
cuyo conflicto principal incluye temores, confusión 
y sentimientos de vergúenza y de culpabilidad. 

Hemos pasado así rápida revista a las causas 
principales que llevan a pensar en la opción del 
aborto en la situación de mujeres solteras, parejas 
con muchos hijos o que no desean tener hijos, 
mujeres violadas o víctimas de incesto, y aquellas 
que llevan en su seno a criaturas anormales y 
deformes. 

A los seis casos considerados podemos añadir 
también la presión de la sociedad o del Estado para 
limitar los nacimientos en virtud de la llamada 
“explosión demográfica” que se diagnostica en 
varias zonas del continente americano. Así es como 
el aumento poblacional se considera una amenaza 
para la supervivencia o el desarrollo económico en 
ciertos países. Aquí se trata de la promoción más o 
menos oficial del aborto como medio de control de 
la natalidad, con frecuencia junto a los programas 
de planificación familiar, distribución de técnicas 
anticonceptivas, y la esterilización voluntaria y aun 
involuntaria. 

No caben dudas de que estamos ante un proble- 
ma muy complejo. El aborto incluye una cantidad 
de variables de tipo biológico y médico, socio- 
demográfico y económico, psicológico, moral y 
espiritual. Se trata casi siempre de un serio dilema 
humano que trae aparejados angustia y dolor. En 
las páginas siguientes continuaremos haciendo 
referencia a las distintas facetas de la problemática 
del aborto, reconociendo que la cuestión que está 
en el mismo centro de los debates sobre el tema es 
la del status del feto. Una serie de preguntas 
iluminan de inmediato la importancia de esta 


18 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


cuestión: ¿Es sólo al principio un paquete de 
células sin significado humano y sin posibilidad de 
sobrevivir fuera de la madre? ¿Tiene un hijo el 
derecho fundamental a la vida desde el comienzo 
de su existencia como ser en gestación? ¿Debe el 
feto disfrutar del amparo de la ley tal y como lo tiene 
un recién nacido? ¿Cuándo es que podemos hablar 
de nuestros hijos como “personas”? 

Si tuviésemos respuestas claras y absolutas a 
estas preguntas y pudieramos establecer sin lugar a 
dudas la personalidad del feto, posiblemente se 
acabaría el debate sobre el aborto. Sin embargo, la 
humanidad no tiene claras la mayoría de las res- 
puestas y así es como la discusión sigue muy viva. 
Biólogos y médicos, juristas, psicólogos y teólogos 
no se ponen totalmente de acuerdo, aun cuando 
reconocemos que hay personas serias, inteligentes, 
honestas y sensibles, a ambos lados del debate a 
favor y en contra del aborto. 

Por nuestra parte, proponemos continuar el diálo- 
go considerando la perspectiva de la ciencia en 
relación con una pregunta clave y previa a las que 
se mencionan en el párrafo anterior. Tal pregunta 
es: ¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? A 
la respuesta correspondiente nos abocaremos en el 
capítulo siguiente. 


2. ¿Cuándo comienza 
la vida de 
un ser humano? 


En este libro deseamos establecer claramente el 
principio de la santidad de la vida. Nuestra posición 
es que, desde el momento mismo en que se origina 
una vida humana, allí comienza también la respon- 
sabilidad y el deber de respetar y de cuidar esa vida 
como tal. Por eso que resulta de la mayor importan- 
cia responder claramente a la pregunta del título 
del presente capítulo. 

Cuando nace un niño nadie se atreve a dudar del 
hecho de que se trata de una vida humana, ni 
siquiera en el penoso caso de la presencia de 
horribles deformaciones y defectos. De hecho, a 
pesar de que el bebé no razona, no habla, y depende 
incondicionalmente del cuidado materno, lo consi- 
deramos una persona humana en formación y 
desarrollo. El Estado, por su parte, lo registra como 
ciudadano, incluyendo una serie de derechos que le 
corresponden y una variedad de responsabilidades 
por parte de las personas a cargo del niño, ya sean 
sus padres biológicos, padres adoptivos, u otras 
personas. 

El proceso de desarrollo y crecimiento de un 
nuevo ser se inicia en el preciso momento en que 


19 


20 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


un espermatozoide del padre penetra un óvulo 
materno el cual así resulta fecundado. Durante 
nueve meses de embarazo, la madre lleva esa 
criatura en gestación en el ambiente ideal del útero. 
Aproximadamente a las tres semanas puede detec- 
tarse el latido del corazón; a las seis semanas se 
pueden comenzar a registrar ciertas actividades del 
cerebro; y para los cinco meses de gestación el feto 
ya presenta todas las formas características de un 
niñito. A la pregunta, ¿en qué preciso momento de 
ese período de nueve meses dio comienzo la vida 
humana de tal criatura?, no podemos sino res- 
ponder que desde el inicio mismo del proceso de 
desarrollo, con la fecundación y la concepción, o 
sea cuando se ha engendrado al nuevo ser a partir 
de la unión del óvulo y el espermatozoide (células 
también llamadas gametos femenino y masculino, 
respectivamente). Por eso en este capítulo nos 
conviene repasar y clarificar en forma breve y 
sencilla las principales observaciones científicas 
sobre este tema, comenzando con la siguiente 


referencia ilustrativa. 


Analogía de la planta y la semilla 


El reino vegetal nos brinda un punto de compara- 
ción interesante para comprender aún mejor los 
comentarios introductorios anteriores. Por ejemplo, 
podemos preguntarnos cómo se determina científi- 
camente en qué momento una semilla debe consi- 
derarse como planta: ¿desde el momento en que 
empieza a germinar o cuando aparece sobre la 
superficie de la tierra ya configurada como una 
pequeña planta? De hecho, podemos preguntar 
también: ¿Qué le da la tierra a una semilla de maíz, 
supongamos, para que nazca la planta y produzca 
luego el tallo, las hojas y la mazorca? Es claro que la 
tierra sólo le brinda el ambiente favorable y los 


¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? 21 


alimentos necesarios para el desarrollo y el creci- 
miento. Es en la semilla en sí donde sabemos que 
están presentes, maravillosamente de algún modo, 
el tallo, las hojas y la mazorca de la planta de maíz. 
En este sentido, la tierra no le añade absolutamente 
nada a aquella semilla y no hace ninguna diferencia 
el hecho de que no podamos apreciar a simple vista 
el rico potencial de la semilla como tal. Notemos, 
además, el hecho obvio de que en la misma tierra 
donde se siembra el maíz, se pueden sembrar 
también otras semillas —el trigo, por ejemplo— de 
las que nacerán las plantas correspondientes. 

Continuando con la analogía podemos señalar 
que la mujer cumple para el óvulo fecundado una 
función similar a la de la “madre tierra” para con la 
semilla de maíz, trigo, o lo que fuere. Ambiente 
adecuado y alimentación esencial para su nutrición 
y crecimiento es lo que provee al germen que luego 
pasa a ser embrión y después feto, a través de los 
nueve meses de vida intrauterina. Desde el punto 
de vista biológico y genético en particular, podría- 
mos decir que la madre no le añade nada al nuevo 
óvulo fecundado y a la constitución del nuevo ser 
humano en formación. Claro está, sin embargo, que 
entre la madre humana y la “madre tierra” hay una 
diferencia fundamental más allá de la analogía que 
hemos establecido: mientras que la tierra no produ- 
ce la semilla, la mujer misma —junto con el 
hombre— sí contribuye a producir esa semilla o 
germen de ser humano que es el óvulo fecundado. 
Por eso, precisamente, hablamos de procreación. 
Así comienza un proceso de gestación cuyas fases 
evolutivas hoy día podemos describir y apreciar sin 
mayores dificultades, 


Las fases del proceso de gestación 


Con el auxilio de la ciencia establecemos que la 
vida humana en verdad comienza en el momento 


22 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


en que el ser humano es engendrado, y acaba 
temporalmente en el momento de la muerte. (Es 
interesante notar de paso que, aunque todavía se 
discute en algunos casos cuándo es que ocurre 
efectivamente la muerte de un ser humano, ya no 
caben dudas sobre el inicio de la vida de un hombre 
o una mujer, al menos en las condiciones norma- 
les.) Nuestro interés especial en el problema del 
aborto inducido o provocado requiere que preste- 
mos atención a las observaciones y explicaciones 
provenientes de varios campos como los de la 
bioquímica y la biología humana, la obstetricia y la 
ginecología, la genética y la embriología, la neona- 
tología y la psicología. 

Desde su concepción hasta su muerte, el ser 
humano transita por una serie de etapas propias y 
características de la especie humana. Tal evolución 
ocurre a través de diversos condicionamientos y 
necesidades. Así es como, mientras permanecemos 
en el seno materno, necesitamos de la sangre 
portadora de todo lo necesario para la vida y el 
crecimiento a través de la placenta. Más adelante 
nos hará falta, junto con el alimento físico, una 
variedad de nutrientes emocionales y espirituales 
para satisfacer la necesidad más importante que es 
la de ser amado y amar, en sus múltiples manifesta- 
ciones en el correr de los años. 

Cada uno de nosotros es un ser humano único e 
irrepetible, distinto de todas las demás personas 
que existieron antes o que viven hoy o vivirán en el 
futuro. Y cada uno de nosotros es, básicamente, el 
mismo hombre o la misma mujer que ha crecido y 
se ha desarrollado como germen, embrión y feto; 
niño, adolescente y joven; adulto y anciano. Desde 
el momento cuando comenzamos a vivir somos 
auténticos seres humanos, sea cual fuere el grado 
de evolución o madurez en que nos encontremos en 
el ciclo de la vida humana. 


¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? 23 


Los argumentos de la ciencia son contundentes 
en el sentido de determinar que nuestra vida 
humana comienza en el momento de la concepción, 
aunque, claro está, esa nueva vida presenta carac- 
terísticas diferentes en cada una de sus fases de 
desarrollo. En otras palabras, no se puede encontrar 
ningún punto o etapa en el tiempo transcurrido 
entre la concepción y el nacimiento de un niño 
cuando se pudiera determinar que esa vida no es 
humana. Los cambios que se producen entre la 
implantación del óvulo fecundado en el útero, el 
embrión, el feto y el niño recién nacido, correspon- 
den más bien a la sucesión de etapas de crecimien- 
to y maduración que son exclusivas de la especie 
humana. Consideremos, pues, una síntesis de los 
datos biológicos relevantes para la discusión en 
torno a la problemática del aborto inducido o 
provocado, la cual nos permite distinguir tres fases 
bien definidas en el mundo maravilloso de la vida 
intrauterina. 

La primera fase es la del germen, a partir de la 
fecundación o sea la unión del óvulo y el espermato- 
zoide, los cuales, al fundirse, originan la célula 
germinal también llamada zigoto. Esta es la prime- 
ra Célula de la vida humana o, mejor dicho aún, es 
una vida humana o un ser humano de una sola 
célula. Con la célula germinal iniciamos el ciclo de 
vida de nuestra especie el cual sólo se interrumpe 
con la muerte. De modo que esa primera célula es 
ya un nuevo ser, una nueva realidad biológica única 
e irrepetible como la vida y la personalidad de todos 
y cualquiera de nosotros. La razón biológica princi- 
pal de que se trata de un nuevo ser humano es que 
la célula germinal o zigoto presenta una combina- 
ción genética peculiar según explicamos un poco 
más adelante. 

La segunda fase de la vida intrauterina es la del 
embrión y cubre desde la tercera hasta la octava 


24 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


semana de vida. Durante esta etapa del desarrollo 
humano van evolucionando gradualmente los órga- 
nos y las formas externas del organismo de la 
criatura. Así, por ejemplo, entre la séptima y octava 
semanas ya se puede apreciar el comienzo del 
cráneo, las orejas y los ojos, el cuerpo con su 
sistema digestivo, corazón y sistema circulatorio, 
los brazos y las piernas, y los dedos de los pies. 

La tercera fase corresponde al desarrollo del feto 
propiamente dicho y cubre desde la octava semana 
de vida hasta el nacimiento, nueve meses después 
de la fecundación. Durante esta última fase se 
completa el proceso de gestación que normalmente 
prepara a la criatura para el nacimiento y la vida 
como organismo autónomo fuera del ambiente 
uterino. La diferencia entre el feto, incluso a partir 
del segundo mes, y el niño recién nacido es más 
bien de tipo cuantitativo, y esa diferencia va dismi- 
nuyendo progresivamente, a medida que transcu- 
rren las semanas de gestación. O sea que no existen 
diferencias cualitativas ni siquiera en cuanto a la 
forma del cuerpo o la estructura del organismo, el 
ser humano que es el feto ya puede percibirse y 
apreciarse directamente como tal. 


La herencia y el equipo genético 


Lo que acabamos de destacar, en el sentido de 
que no hay un verdadero salto cualitativo o una 
diferencia esencial entre la fase del feto y el bebé 
recién nacido, en realidad corresponde también a 
los períodos más tempranos del proceso de gesta- 
ción. En la fase del embrión ya está esbozada la 
forma y las características propias del niño, aunque 
de manera rudimentaria por cierto. Además, el 
germen o la célula zigoto pertenece a la especie 
humana desde la fecundación en virtud de su 
origen, su composición y su destino, y su auto- 


¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? 25 


nomía biológica (es decir, como ya vimos), nada se 
le añade fuera del ambiente adecuado del útero y de 
los alimentos para que crezca y se desarrolle. Aun 
podríamos decir que desde aquel primer instante de 
vida humana quedan predeterminados por heren- 
cia (es decir, por vía génetica) muchos rasgos que 
caracterizan eventualmente a esa persona a lo largo 
de su vida. La explicación de este fenómeno tan 
interesante podemos resumirla sencillamente con 
una breve referencia a la contribución de la biología 
humana y la genética en especial. 

Todos los seres vivientes estamos compuestos por 
innumerables partes microscópicas que se llaman 
células (y las células forman los tejidos y éstos los 
distintos órganos, etc.). Las células a su vez llevan 
en su interior unas partículas muy diminutas que 
se conocen con el nombre de cromosomas. Ahora 
bien, a cada especie de seres vivientes le correspon- 
de un cierto número de cromosomas en cada una 
de sus células, y para nosotros, los seres humanos, 
el número característico de cromosomas es de 
cuarenta y seis. 

Ya nos referimos al hecho de que cuando el óvulo 
y el espermatozoide se juntan en el proceso de la 
fecundación, estas gametas femenina y masculina 
dan origen a la célula germinal o zigoto. Lo 
interesante de destacar ahora es que el zigoto es 
una sola célula con sus correspondientes cuarenta 
y seis cromosomas. Con la contribución peculiar 
por la línea materna y la línea paterna, así es como 
ya quedan establecidas una variedad de caracterís- 
ticas tales como el sexo y el color de la piel y el 
cabello, y rasgos tan mínimos como la forma de las 
uñas y las huellas digitales. Todos estos elementos 
y muchísimos más están determinados en lo que se 
llama el código genético (de genes, partículas de los 
cromosomas por los que se transmiten los rasgos 
hereditarios). Este código genético está contenido 


26 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


en los cuarenta y seis cromosomas de aquella 
primera célula, como si se tratase de una micro- 
computadora que ha sido programada en forma 
maravillosa y aun misteriosa. De lo que no pueden 
caber dudas, en cualquier caso, es que la nueva 
vida en gestación, ya desde la célula germinal, está 
dotada de un equipo genético que es íntegramente 
humano, producto de la procreación y expresión de 
la herencia que transmitimos a nuestros hijos. 


En conclusión 


Es evidente para nosotros que el aborto, aun en la 
primera fase del proceso de gestación, consiste. en 
la cancelación o supresión violenta del curso de 
desarrollo de una vida humana con todas sus 
potencialidades de crecimiento y maduración. La 
ciencia nos ofrece una base muy sólida para afirmar 
el carácter humano de la vida del germen, el 
embrión y el feto. Reiteramos entonces que el óvulo 
fecundado es un ser humano que posee en princi- 
pio las condiciones necesarias para desarrollarse y 
llegar a ser una persona adulta, a menos que surjan 
obstáculos que impidan su proceso natural. Por lo 
tanto, podemos destacar también que si se afirma el 
respeto a la santidad de la vida, tal respeto se ha de 
extender hasta el momento mismo de la concep- 
ción. 

Nadie puede negar, por lo tanto, que el aborto 
inducido o provocado es la interrupción violenta del 
proceso vital humano ya comenzado con la fecun- 
dación. (Notemos de paso que lo más común, es 
hablar de “interrupción del embarazo”, lo cual es 
sólo parcialmente cierto; lo que también y primor- 
dialmente se interrumpe es la vida del ser humano 
que se está gestando en la condición del embarazo 
de su madre.) 

Independientemente de los medios o los instru- 
mentos utilizados para interferir en el proceso de 


¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? 27 


gestación y el embarazo correspondiente, y de 
acabar con el mismo, en realidad se trata nada 
menos que de matar una vida humana. Repitámos- 
lo: con el aborto provocado o inducido se elimina 
una vida humana cualquiera sea la época del 
embarazo en la cual se haga, y cualquiera sea el 
método utilizado para llevarlo a cabo. 

Debemos notar también que por ahora no esta- 
mos haciendo un juicio moral o religioso sobre el 
aborto; simplemente estamos señalando una con- 
clusión muy lógica derivada de las contribuciones 
de la ciencia sobre nuestro tema. Y tales contribu- 
ciones científicas se apoyan en datos clínicos y 
experimentales observados y explicados cuidadosa 
y religiosamente. 

Por último, debemos reconocer que nos toca 
considerar otros interrogantes adicionales que van 
más allá de los argumentos y perspectivas que nos 
ofrece la ciencia. Por ejemplo, algunas de las 
preguntas clave son: ¿tiene la criatura humana el 
derecho fundamental a la vida antes de nacer?, 
¿cuándo podemos hablar no ya de la vida humana 
sino de la presencia de una persona humana?, 
¿debe el feto disfrutar del amparo de la ley tal y 
como lo tiene normalmente el recién nacido? 

En nuestra perspectiva cristiana, las Sagradas 
Escrituras ocupan un lugar central como el texto de 
la iglesia y el libro de la vida plena para todo el 
pueblo. Por lo tanto, habiendo tratado en este 
capítulo la cuestión del origen de la vida de un ser 
humano según la ciencia, ahora nos conviene 
buscar algunas pistas bíblicas para una compren- 
sión más completa y satisfactoria del problema del 
aborto. Ese es justamente el tema del próximo 
capítulo. 


3. ¿Qué pistas bíblicas 
debemos considerar? 


Los cristianos acudimos a la Biblia en busca de 
orientación y dirección para la vida cotidiana. 
Creemos que la voluntad de Dios es que sepamos 
discernir sabiamente cuáles son las decisiones 
mejores y los caminos de fidelidad al evangelio. Y es 
precisamente para cumplir tal expectativa que 
estudiamos las Sagradas Escrituras a la luz de los 
desafíos presentes, sobre todo cada vez que está en 
juego el principio de la santidad de la vida humana. 

Ahora bien, la Biblia no trata en forma directa la 
cuestión del aborto intencionalmente provocado o 
inducido. (Es obvio que ella tampoco alude a 
muchísimas otras cuestiones relativas al mundo de 
hoy y a la tecnología en particular, por ejemplo.) No 
obstante, la Biblia nos ofrece una serie de pistas 
—es decir, principios y directrices— que son de la 
mayor importancia y utilidad. Por eso en este 
capítulo trataremos sobre tales pistas que pueden 
iluminar no sólo nuestro estudio del tema del aborto 
sino también, de algún modo, las difíciles decisio- 
nes involucradas cuando se piensa en el aborto. 


28 


¿Qué pistas bíblicas debemos considerar? 29 


Desde el principio, el valor de la vida 
humana... 


Por toda la Escritura Dios se presenta como la 
fuente de la vida. El Creador viviente generosamen- 
te regala y sostiene la vida de sus criaturas, y muy 
en especial la de los seres humanos. Nuestra vida 
es preciosa y sagrada justamente porque tiene su 
origen en Dios mismo quien ha mandado atenderla, 
cuidarla, protegerla y consagrarla para su gloria. 

La primera observación clave, por lo tanto, es que 
la dignidad y el valor de cada ser humano derivan 
de la voluntad de Dios y no de alguna decisión 
humana. Nuestra humanidad esencial no viene 
determinada por el gobierno y la ley, ni por las 
relaciones sociales, ni por nuestros logros persona- 
les; proviene del Creador, Salvador y Santificador 
(Padre, Hijo y Espíritu Santo), quien ha escogido 
sólo al ser humano como portador de su “imagen y 
semejanza” —es decir, “parecido a Dios mismo; 
hombre y mujer los creó, y les dio su bendición” 
(Génesis 1:27). 

Es precisamente debido a que nuestro prójimo 
también lleva esa “marca registrada” divina que 
Dios ha prohibido el homicidio. Es interesante en 
este sentido recordar que Caín fue severamente 
castigado con el exilio perpetuo por el asesinato de 
su hermano Abel. La maldición de Dios lo persegui- 
ría por doquiera pero, a pesar de todo, “el Señor le 
puso una señal a Caín, para que el que lo encontra- 
ra no lo matara (Génesis 4:15). Con esa llamativa 
prevención de la muerte del primer homicida —“si 
alguien te mata, será castigado siete veces”, dice el 
mismo versículo 15— Dios rechaza la pena de 
muerte y afirma el respeto de la vida. (Más adelante 
en el Antiguo Testamento, Dios permitiría el ejerci- 
cio de la llamada “ley del talión”, o sea retribuir “ojo 
por ojo y diente por diente.) Es que al respetar la 


30 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


vida de los demás estamos honrando el gran don 
que Dios nos ha concedido; la violación de la vida 
humana, por el contrario, no sólo ofende a nuestros 
semejantes sino a Dios mismo, el autor de la vida. 
Por eso el Señor clarifica su voluntad en el pacto 
con Noé cuando le dice que a cada uno pedirá 
cuentas de la vida de su prójimo, “pues el hombre 
fue creado parecido a (o a imagen y semejanza de) 
Dios mismo” (Génesis 9:6). 

El mandamiento es claro y terminante: “No 
matarás” (Exodo 20:13; Deuteronomio 5:17). No se 
trata sólo de una medida de salvaguarda o seguri- 
dad. Es la expresión de que Dios se ha reservado 
exclusivamente el derecho a definir el cuándo y el 
cómo se va a iniciar y se va a terminar la vida 
humana. En otras palabras, Dios es el primero en 
tener derecho sobre la vida y ha querido compartir 
tal derecho con cada ser humano a quien le ha 
obsequiado el don precioso de la vida. 

Por todo eso es que los cristianos rechazamos 
cualquier idea que haga depender la dignidad y el 
valor del ser humano de alguna cualidad de vida 
definida por nosotros mismos, de algún nivel de 
desarrollo o realización personal elegido individual- 
mente, o de algún nivel de utilidad social estableci- 
do por la sociedad. Los seres humanos gozamos del 
valor y la dignidad que Dios nos ha concedido no 
importa nuestro grado de pobreza o indefensión, 
inmadurez o vejez, debilidad o deformación física o 
mental. 

En el caso especial de la vida intrauterina, la 
Biblia sugiere sin lugar a dudas que se trata de vida 
humana, tal como lo establece claramente la cien- 
cia en el día de hoy. Por ejemplo, a menudo 
encontramos que las palabras usadas para referirse 
al feto, son las mismas que se aplican normalmente 
alos niños ya nacidos. Véanse a modo de ilustración 
las interesantes referencias de Génesis 25:22; 


¿Qué pistas bíblicas debemos considerar? 31 


302730 MOD 1:21 878, ELLO 100184193 DO: 
Isaías 42:2, 24; 46:3; 49:1, 5; 66:9; Jeremías 20:14- 
18; Oseas 12:3, etc. En el caso del Nuevo Testa- 
mento tenemos que Lucas llama la “criatura” (o, el 
“niño”) al hijo no nacido aún de Elisabet en 1:41 y 
44, y alude al mismo Jesús en el versículo 35. Así 
nos llama la atención al proceso de gestación que 
ocurre en el seno materno y al hecho de que esas 
criaturas humanas son capaces de una vocación 
que tiene sentido eterno en los planes de Dios. 
Nótemos, entonces, también que estas nociones 
incluyen así la idea bíblica de la unidad de cuerpo y 
alma que existe en nuestra vida humana. Por eso la 
conclusión que sacamos sobre la perspectiva bíblica 
coincide con la científica que consideramos en el 
capítulo anterior: desde la concepción, los hijos en 
desarrollo son auténticos seres humanos procrea- 
dos según la imagen de Dios mismo. Por lo tanto, la 
decisión de destruir la vida inocente que se va 
gestando por medio del aborto es, en principio, algo 
malo. 


Un caso de aborto contemplado 


Si dos hombres se pelean y llegan a lastimar a 
una mujer embarazada, haciéndola abortar, pe- 
ro sin poner en peligro su vida, el culpable 
deberá pagar de multa lo que el marido de la 
mujer exija, según la decisión de los jueces. 
Pero si la vida de la mujer es puesta en peligro, 
se exigirá vida por vida, ojo por ojo, diente por 
diente... (Exodo 21:22-24 DHH). 


Este pasaje bíblico contiene la única referencia 
directa al aborto provocado que encontramos en las 
Escrituras. Pertenece al conjunto de leyes que Dios 
comunicó a los antiguos israelitas a través de su 
líder Moisés, inmediatamente después de los diez 
mandamientos. Esta referencia es interesante para 


32 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


nosotros porque en ella algunos perciben y des- 
tacan la condena explícita del aborto en sí que el 
texto parece indicar. Otras personas, por el contra- 
rio, creen ver aquí la enseñanza de que la vida 
prenatal tiene un valor inferior a la vida de la madre 
y quizá a la de cualquier otra persona. Esta idea se 
basa en que el aborto resultante es penado con una 
mera multa mientras que el daño físico que se 
inflingiera a la mujer se pagaría con la “ley del 
talión” a que aludimos antes. La conclusión que 
surge de esta segunda interpretación es que el feto 
no es una persona y, por lo tanto, el aborto es 
permisible. ¿Es tal conclusión la más correcta y 
adecuada? Creemos que no lo es y lo demostrare- 
mos en seguida. 

El texto bíblico de Exodo 21:22-24 sólo contem- 
pla la muerte por accidente, es decir, la muerte no 
deliberada o inintencional del ser en gestación. O 
sea que el pasaje en realidad no alude al caso del 
aborto en que la interrupción del embarazo es un 
acto intencional de parte de la mujer embarazada o 
de otras personas. Lo interesante para destacar, sin 
embargo, es que aun la muerte accidental del feto 
fuera castigada de alguna forma. El texto nos da al 
menos una idea del valor atribuido al feto humano, 
lo cual es de la mayor importancia cuando se piensa 
en el aborto. ¡Seguramente, la destrucción del feto 
provocada intencionalmente merecería entonces 
un castigo mucho más severo! En otras palabras, 
no podríamos defender la muerte intencional del 
ser en gestación sobre la base de un texto bíblico 
que condena aun su destrucción accidental. 

Todavía podemos añadir otro argumento. La 
ausencia de la pena de muerte en el caso de que se 
mate accidentalmente al feto no significa que el 
feto no sea considerado como un ser humano. La 
razón es que la ley de Moisés normalmente no 
prescribía la pena de muerte obligatoria para los 


¿Qué pistas bíblicas debemos considerar? 33 


casos de muertes por accidente (véase por ejemplo 
Exodo 21:12-14). De todos modos, cualquiera sea la 
interpretación de la multa impuesta en el caso del 
aborto accidental, no hay base para deducir o 
sugerir que el feto no es una persona humana. De 
hecho, no hay ningún pasaje bíblico que dé a 
entender que el hijo aún no nacido sea algo menos 
que una persona humana desde el momento de su 
concepción. 


La confesión del salmista 


En los salmos hallamos expresiones elocuentes 
sobre la vida como un precioso don de Dios que 
hemos de aceptar con gozo y considerar con reve- 
rencia. La belleza literaria de este libro de la Biblia y 
la profundidad de su mensaje nos invitan a dedicar- 
le una sección especial en la que hemos selecciona- 
do algunos pasajes muy significativos para nuestro 
tema. Los párrafos que siguen representan ciertas 
pistas bíblicas indispensables para la comprensión 
del problema del aborto. 


La dignidad de la vida del ser humano se destaca 
a la luz de la gloria de Dios, el Creador y Señor de la 
vida: 


Señor, soberano nuestro, 

¡tu nombre domina en toda la tierra! 

¡tu gloria se extiende más allá del cielo! 

Con la alabanza de los pequeños, 

de los niñitos de pecho, 

has construido una fortaleza... 

Cuando veo el cielo que tú mismo hiciste, 

y la luna y las estrellas que pusiste en él, pienso: 
¿Qué es el hombre? ¿Qué es el ser humano? 
¿Por qué lo recuerdas y te preocupas por él? 
Pues lo hiciste casi como un dios, 

lo rodeaste de honor y dignidad, 

le diste autoridad sobre tus obras, 


34 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


lo pusiste por encima de todo... 
Señor, soberano nuestro, 

¡tu nombre domina en toda la tierra! 
(Salmo 8 DHH.) 


El salmista se refiere así al lugar priviligiado de 
los seres humanos en la economía de Dios. Se trata 
de un puesto de honor y responsabilidad como 
administradores de los recursos inmensurables de 
la creación. Dios nos ha dado una ubicación y una 
vocación muy especiales en el mundo. Esta dádiva 
de Dios es la base misma de nuestro sentimiento de 
valor y autoestima. 


El reconocimiento de la provisión divina para 
nuestro ser abarca aun la vida intrauterina y el 
proceso de nacer. 


. . . tá me hiciste nacer del vientre de mi madre; 
en su pecho me hiciste descansar. 

Desde antes que yo naciera, 

fui puesto bajo tu cuidado; 

desde el vientre de mi madre, mi Dios eres tú. 
(Salmo 22:9, 10 DHH.) 


En medio del clamor de angustia y el canto de 
alabanza que aparecen en el salmo 22, el salmista 
declara su dependencia de Dios y su necesidad de 
liberación. El fundamento de su plegaria es el 
reconocimiento de su temprano vínculo con el 
Señor. Había sido consagrado desde antes de nacer. 


El reconocimiento de la tendencia hacia el mal, 
también abarca la vida intrauterina. 


Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mi; 
por tu gran ternura, borra mis culpas. 
¡Lávame de mi maldad! ¡Límpiame de mi peca- 
do! 


En verdad, soy malo desde que nací; 


¿Qué pistas bíblicas debemos considerar? 35 


soy pecador desde el seno de mi madre... 
Oh Dios, ¡pon en mí un espíritu nuevo y fiel! 
(Salmo 51:1, 2, 5, 10 DHH.) 


En su drámatica confesión, el salmista no intenta 
justificar su pecado ni explicar el origen del mal. 
Simplemente, él declara su necesidad de perdón y 
transformación. Intuye la necesidad de una nueva 
gestación y un nuevo nacimiento espiritual (como 
Jesús le enseñaría siglos más tarde a Nicodemo, 
según Juan 3:1-21). 


Somos objeto constante del amor y el conocimiento 
de Dios, desde el comienzo mismo de nuestra vida 
como seres humanos. 


Señor tú me has examinado y me conoces;... 
Tú fuiste quien formó todo mi cuerpo; 

Te alabo porque estoy maravillado, 

porque es maravilloso lo que has hecho. 
¡De ello estoy bien convencido! 

No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo 
mientras yo era formado en lo secreto, 
mientras era formado en lo más profundo 
de la tierra. 

Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; 
todo eso estaba escrito en tu libro. 

Habías señalado los días de mi vida 
cuando aún no existía ninguno de ellos. 
(Salmo 139:1, 13-16 DHH.) 


Aquí tenemos el ejemplo más notable de esta idea 
bíblica fundamental: existe una continuidad perso- 
nal significativa entre el embrión y el feto, y el niño 
y la persona madura. Las referencias personales 
—“me formaste en el vientre de mi madre”— 
indican que el salmista suponía que había un 
eslabón directo entre él mismo como adulto y el 
pequeño ser que ya era objeto del conocimiento y el 
amor divino en el seno materno. Sin duda, el Salmo 


36 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


139 es una oración conmovedora que nos dice hasta 
qué punto el amor y el conocimiento de Dios se 
adelanta a nuestro propio conocimiento y aun a 
nuestra consciencia y nos considera en nuestra 
trayectoria desde antes de nacer, paso a paso, hasta 
el fin de nuestra vida. 


El testimonio de las iglesias 


A tono con las convicciones y prácticas del pueblo 
de Israel, los primeros cristianos consideraban la 
fertilidad como señal de bendición divina y del don 
de la vida que debía honrarse con reverencia y 
respeto. Esta actitud general sobre la familia y 
sobre la vida intrauterina en particular se refleja en 
la fuerte condena del aborto y del infanticidio (o sea 
la matanza de niños pequeños) que encontramos 
en los escritos de la época cuando muchos nuevos 
creyentes se iban uniendo a la iglesia. Ocurre que 
tanto el aborto como el infanticidio se practicaban 
extensamente en el antiguo mundo del imperio 
romano; por eso los nuevos convertidos recibían 
precisa instrucción moral al respecto. 

Uno de los escritos cristianos más tempranos, 
fuera del Nuevo Testamento, se llama la Didajé y 
data de fines del primer siglo de nuestra era. 

Allí se expresa: “No matarás con el aborto el fruto 
de tu seno y no harás perecer al niño ya nacido.” 
Idéntica prohibición del aborto y del infanticido se 
encuentra en muchos otros escritos de los primeros 
tiempos de la vida y el testimonio de la iglesia 
cristiana. Lo mismo podemos decir respecto a los 
llamados Padres de la Iglesia, tales como Orígenes, 
Clemente y Tertuliano; este último escribió: “Es 
homicidio anticipado el impedir el nacimiento; poco 
importa que se suprima la vida ya nacida o que se 
haga desaparecer al nacer. Es un ser humano el 
que está en camino de serlo.” Otras grandes figu- 


¿Qué pistas bíblicas debemos considerar? 3% 


ras, tales como Agustín, Jerónimo, Gregorio y Juan 
Crisóstomo, también condenaron todo aborto y 
especularon sobre el status del feto y sobre el origen 
del alma en particular. (Las discusiones en torno a 
la presencia y actividad del alma en la vida intraute- 
rina no nos deben sorprender toda vez que, por 
mucho tiempo, algunas autoridades de la iglesia 
dudaban de que el alma de la mujer tuviera el 
mismo valor que la del varón; ¡y otros, incluso, 
pensaban que las mujeres no tienen alma!). Por 
desgracia, debemos admitir además que tal postura 
frente al feto y al aborto a menudo ha estado 
acompañada de una actitud muy negativa hacia el 
sexo mismo. Por ejemplo, teólogos como Agustín 
han insistido en que la actividad sexual es pecami- 
nosa a menos que el propósito de la misma sea la 
procreación. 

En fin, a lo largo de toda la historia de la iglesia 
encontramos una actitud muy consistente en cuan- 
to a la defensa de la vida previa al nacimiento y al 
rechazo y la condena del aborto provocado. Tal 
actitud ha sido en extremo clara, firme e insistente 
de parte de la Iglesia Católica Romana, en particu- 
lar en los últimos años. Así, el Concilio Vaticano II 
declara que Dios, el Señor de la vida ha confiado a 
los seres humanos “la insigne misión de conservar 
la vida, misión que ha de llevarse a cabo en modo 
digno del hombre. Por lo tanto, la vida desde su 
concepción ha de ser salvaguardada con el máximo 
cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes 
abominables.” La postura doctrinal oficial de esta 
Iglesia acerca del aborto ha sido persistente en 
cuanto al rechazo total del aborto; y tal rechazo ha 
sido basado en la fidelidad al precepto del amor 
recibido de Dios en la vida procreada cuyo don 
sagrado debe respetarse especialmente en el caso 
del hijo que está por nacer. Precisamente por tal 
razón la Iglesia Católica Romana castiga en princi- 


38 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


pio con la excomunión (o sea dejando “fuera de la 
comunión”, separados de la comunidad de fe) a las 
personas que cometen el pecado del aborto o que 
colaboran de alguna forma para que se cometa, ya 
sea aconsejando, pagando, o apoyando. En conse- 
cuencia, los cristianos que practican o participan en 
el aborto sabiendo que el aborto se considera como 
un pecado gravísimo y que la iglesia lo castiga en 
forma especial, quedan automáticamente excomul- 
gados. (La Iglesia reserva al obispo —o algún 
sacerdote autorizado por el obispo— la facultad de 
reincorporar a la comunidad de fe al cristiano 
culpable del aborto, por medio del arrepentimiento 
y la absolución sacramental.) 

Entre los evangélicos del mundo hispano, que 
tradicionalmente han profesado fidelidad a la Biblia 
como regla de fe y vida, la afirmación del valor 
sagrado de la vida fetal es unánime. Por lo tanto, las 
posturas de rechazo frenta al aborto son también 
unánimes en principio y sobre todo en el caso del 
aborto como medio de control de la natalidad. En 
virtud de sus convicciones bíblicas, la gran mayoría 
de los evangélicos considera que el porcentaje más 
alto de los abortos que se realizan no son justifica- 
bles moralmente. Sin embargo, no hay total acuer- 
do respecto a cuáles son las circunstancias que se 
tornan aceptables, en ciertos casos, la práctica del 
aborto inducido. Aunque no tenemos cifras preci- 
sas, es evidente que muchos creen que el aborto se 
debe permitir cuando está en juego la vida o aun la 
salud de la madre (aborto terapéutico). También es 
claro que muchos evangélicos apoyan la práctica 
del aborto en los casos en que el embarazo sea el 
resultado del incesto o la violación (posible variedad 
del aborto terapéutico, o caso de aborto por razones 
éticas) e incluso cuando se detectan altas probabili- 
dades de grave enfermedad o malformación genéti- 
ca (aborto eugenésico). Tales posturas se encuen- 


¿Qué pistas bíblicas debemos considerar? 39 


tran establecidas o contempladas en diversos docu- 
mentos oficiales de las principales denominaciones 
evangélicas en el mundo de habla hispana. 

Por último, debemos señalar otra marcada dife- 
rencia entre las perspectivas oficiales de la Iglesia 
Católica Romana y la de las iglesias evangélicas. El 
Vaticano continúa firme en su oposición a la 
mayoría de los métodos y medios anticonceptivos y 
a menudo asocia la consideración del tema de la 
contracepción con sus enseñanzas sobre el aborto. 
Los evangélicos en cambio tienden a discutir am- 
bos temas —aborto y anticoncepción— en contex- 
tos diferentes, con una aceptación casi general de 
los medios y métodos anticonceptivos y el estímulo 
de la paternidad / maternidad responsable y la dis- 
creción del matrimonio en cuanto al uso de aquellos 
medios y métodos para evitar el embarazo. 


En conclusión... 


¿Cuáles son en definitiva las principales pistas 
bíblicas a considerar cuando se piensa en el proble- 
ma del aborto? Podemos destacar por ahora los 
principios que siguen. 


1. La Biblia considera toda la vida humana como 
don divino que debe aceptarse con gratitud y debe 
tratarse con reverencia y respeto. (Por eso, para ser 
consecuentes, debemos apostar por la vida no sólo 
en el caso del aborto sino también en la oposición a 
otras formas de violencia, al militarismo y a la 
guerra, a la pena de muerte y, más positivamente, 
estando a favor de la libertad, la justicia y la paz a 
tono con los designios de Dios.) 


2. La Biblia refleja de hecho una especial preocu- 
pación por el débil —los pobres, los necesitados y 
enfermos, las viudas, los huérfanos, en fin, los que 
no tienen quién los defienda. Aunque no aparece 
explícitamente en las Escrituras, en nuestro día 


40 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


incluiríamos a los hijos en gestación en la categoría 
de los seres humanos indefensos. Literalmente, 
ellos no tienen abogados. Sin embargo, por otra 
parte, de la Biblia no puede sacarse la conclusión de 
que la vida del feto tenga un valor absoluto cuando 
su desarrollo entre en conflico con la vida de la 
madre (como ser en el caso de cáncer del útero, un 
embarazo tubal, etc.). 


3. Para los cristianos de convicción, o sea quienes 
han escogido ser discípulos de Jesucristo, la iglesia, 
como su comunidad de fe, es el lugar privilegiado 
para discernir la voluntad de Dios, especialmente 
en las decisiones más difíciles que debamos tomar. 
Es en tal contexto donde el mensaje de la Biblia 
para hoy se puede comprender mejor según la guía 
del Espíritu Santo. Y esto incluye desde luego la 
problemática del aborto. Por la misma razón, la 
iglesia de Jesucristo no procura imponer a la fuerza 
sus valores sobre el carácter sagrado de la vida a 
quienes no comparten su compromiso con el Señor. 


4. Por último, la Biblia reconoce la situación 
humana con su enorme potencial y también con 
sus debilidades y limitaciones en cuanto al mal y al 
pecado. La enseñanza bíblica sobre la necesidad de 
perdón y restauración va acompañada del ofreci- 
miento de comprensión y apoyo, y de la promesa de 
fidelidad divina. Por cierto, el caso del aborto brinda 
a la comunidad de fe una oportunidad especial de 
testimonio y servicio a la luz de aquella enseñanza, 
y de tal ofrecimiento y promesa. 

Estas y otras consideraciones relacionadas que 
veremos más adelante pueden servirnos de marco 
de referencia seguidamente, al tratar el asunto de 
quiénes participan en las decisiones sobre el aborto 
y cuáles son las opciones que las personas pueden 
tener en cuenta en el proceso de decidir. 


4. ¿Quiénes deciden 
sobre la opción 
del aborto? 


Nuestro diálogo sobre el tema del aborto ya ha 
recorrido un trayecto considerable, habiendo co- 
menzado con una clarificación de términos a la luz 
de los nuevos desafíos que nos presenta la situación 
actual. En el primer capítulo describimos e ilustra- 
mos los casos más comunes en que se tiende a 
considerar la posibilidad del aborto inducido o 
provocado, ya sea como mal necesario o bien como 
una opción deseable bajo ciertas circunstancias, 
Luego nos referimos a la perspectiva de la ciencia 
frente al interrogante sobre cuándo comienza la 
vida de un ser humano; así, en el segundo capítulo 
establecimos el carácter humano de la vida del 
germen, embrión y feto, y que el aborto es siempre 
la supresión violenta de una vida humana con todas 
sus potencialidades de crecimiento y maduración. 
De allí pasamos al tercer capítulo a la perspectiva 
bíblica sobre el tema del aborto, incluyendo la 
posición y la enseñanza de las iglesias cristianas 
que son pertinentes para el mundo hispano. De esta 
forma ya contamos con una buena base para 
continuar tratando otras de las preguntas clave que 
es necesario enfrentar cuando se piensa en el 
aborto. 


41 


42 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


En este capítulo nos toca considerar el asunto de 
quién, o quiénes, deben tomar la decisión respecto 
al aborto. Ya hemos visto que las iglesias tienen sus 
firmes opiniones y directrices; en ciertos casos sus 
posiciones doctrinales y sus prácticas sugieren que 
ellas reclaman un papel activo en el proceso de 
decidir. Por su parte, el Estado y las autoridades 
también ejercen un papel importante según las 
leyes vigentes en cada país y los recursos de tipo 
económico, legal y médico que estén al alcance de 
la población. Además están los padres o los tutores, 
especialmente en el caso de las adolescentes emba- 
razadas, cuya opinón o deseo es un factor determi- 
nante respecto al aborto. Entendemos, sin embar- 
go, que la pareja como tal, y especialmente la 
mujer, son los responsables principales en el proce- 
so de decidir, idealmente con el apoyo de la familia 
y de la comunidad de fe (la iglesia). Con esto en 
mente podemos continuar el diálogo tratando diver- 
sas situaciones y factores envueltos, el poder que 
implica el tomar decisiones sobre el aborto, el 
problema de las decisiones solitarias y de las 
motivaciones egoístas, y la bendición de contar con 
la comprensión y el sostén de los seres queridos en 
medio de la decisión sobre el aborto y sus conse- 
cuencias y ramificaciones. 


Varias situaciones .. . diversos factores y 
actores 


Un vistazo a las seis situaciones que presentamos 
en el primer capítulo —“¿Cuándo se considera la 
posibilidad del aborto?”— nos ayudará a identificar 
a los protagonistas principales en las decisiones en 
torno al problema del aborto. De modo que invita- 
mos a los amigos lectores a repasar las referencias a 
tales casos y a seguir en diálogo teniendo en cuenta 
sus respuestas iniciales a los interrogantes que 


¿Quiénes deciden sobre la opción del aborto? 43 


aparecen al final de cada caso en las páginas de la 
INMadario: 

Maribel, la muchacha de doce años, es sin duda 
quien más necesita de la participación de otras 
personas en cuanto a las decisiones a tomarse en su 
caso particular. La intervención de su mamá, en 
consulta con otros miembros de la familia y —sobre 
todo— la adecuada orientación y asistencia médica 
y psicológica, serán indispensables en este caso en 
que la niña embarazada no está en condiciones de 
tomar por sí misma una decisión bien ponderada. 
El apoyo moral y espiritual, y quizá aun material, de 
la comunidad de fe también será muy valioso. 
(Desde luego, el caso del padrastro, responsable 
directo del embarazo de Maribel, requiere atención 
especial aparte.) 

Gladys, la joven de dieciocho años, evidentemen- 
te ya ha recibido la sugerencia de su madre y 
algunas amistades de que considere el aborto. Sin 
embargo, está claro que la decisión ha de ser suya. 
El novio de Gladys y padre de la criatura en 
gestación, debería ser incluido en el proceso de 
decisión. El también debe asumir responsabilidad 
sobre el destino inmediato de la criatura que ha 
contribuido a procrear; además, sus relaciones con 
Gladys necesitan clarificarse y quizá redefinirse 
(como hemos visto, ella no está segura de que le 
ama, y cree que él se casaría con ella sólo para 
cumplir con un deber social y moral). 

La situación de la otra joven de dieciocho años, 
María Rosa, es distinta porque puede contar en 
principio con el apoyo de sus padres y también 
debido a su carácter de miembro activo de la iglesia. 
En otras palabras, ella tiene dos sistemas de apoyo 
clave, que son su familia biológica y su familia 
espiritual; aunque no le brindaron antes una orien- 
tación sexual adecuada, ahora tienen el reto y la 
oportunidad de asistir y acompañar a María Rosa 


44 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


para que tome la decisión mejor y asuma las 
consecuencias de tal decisión, cualquiera que fue- 
re. (El proceso de decidir aquí también debería 
incluir al padre de la criatura en gestación si es que 
el mismo está identificado). 

Con el apoyo de su esposo Joaquín, Susana (de 
cuarenta y cuatro años) contempla el aborto euge- 
nésico, o sea el provocado para evitar el nacimiento 
de un hijo con graves defectos físicos y mentales. A 
la pregunta que planteamos al final de la breve 
descripción del caso sobre si debería involucrarse 
más directamente al esposo en la decisión en sí, nos 
inclinamos a responder afirmativamente. Para Su- 
sana, para el matrimonio como tal, y aun para toda 
la familia, es justo y también saludable que Joaquín 
se comprometa un poco más allá de su promesa de 
apoyar cualquier decisión que tome su esposa. De 
hecho, idealmente el proceso de decisión en este 
caso debería incluir a los otros hijos, por lo menos 
en cuanto información y consulta y aun —¿por qué 
no?— para tener en cuenta el sentir y grado de 
responsabilidad que ellos estarían dispuestos a 
asumir en el caso del nacimiento de un hermano 
con el síndrome de Down (comúnmente llamado 
“mongoloide”). | 

El dilema de Lidia es muy diferente. Incluye 
considerar la salud precaria de su esposo, el hecho 
de que ya tienen una familia numerosa y que deben 
continuar atendiendo varias obligaciones financie- 
ras, mayormente mediante su trabajo fuera de la 
casa. No hay duda de que Lidia necesita consultar 
lo antes posible a su médico (y quizá también al 
médico cardiólogo que atiende a su esposo) a fin de 
decidir primero que nada cuándo y cómo compartir 
con su esposo la noticia del embarazo. La suposi- 
ción de que tal noticia agravaría su estado depresivo 
por ahora es una mera conjetura. Después de 
realizada tal indagación, Lidia podrá considerar los 


¿Quiénes deciden sobre la opción del aborto? 45 


otros factores con mejor fundamento y sentido de 
dirección. 

La situación de Carlos y Edith, por último, es la 
más clara en cuanto a los protagonistas en el 
proceso de decidir a favor o en contra del aborto. 
Como joven pareja matrimonial, ambos están invo- 
lucrados en todas las decisiones mayores relativas a 
sus relaciones conyugales, el hogar, su trabajo y 
vocación, y el planeamiento cuidadoso de las próxi- 
mas etapas de su vida como pareja y también como 
individuos. El embarazo inesperado los ha puesto 
de pronto en una encrucijada. Necesitan decidir 
juntos y de común acuerdo, idealmente con el 
apoyo emocional, moral y espiritual de sus familia- 
res y amistades más cercanas. 

Aunque esta rápida revisión de algunos casos de 
la vida real nos da una buena idea de la complejidad 
del proceso de decidir en torno al aborto, no hay 
duda de que nos ha quedado mucho territorio por 
recorrer. Por ejemplo, hay ciertas situaciones ex- 
tremas en que la decisión de provocar el aborto la 
toma el médico, si es posible en consulta o con el 
consentimiento del esposo o los padres de la mujer 
(suponiendo, claro está, que ella no esté en condi- 
ciones de hacerlo). Esto puede ocurrir en casos 
agudos que requieren una resolución inmediata, 
como ser luego de una hospitalización de emergen- 
cia, o cuando la cirugía exploratoria confirma que la 
continuación del embarazo pone a la mujer en 
peligro de muerte inminente. 

En general, sin embargo, hemos destacado que 
la mujer embarazada tiene la responsabilidad prin- 
cipal en el proceso de decidir cuando se piensa en el 
aborto. Aun cuando es obvio que la criatura en 
gestación no es parte del cuerpo de la madre, es 
evidente también que el cuerpo de la mujer emba- 
razada está comprometido con la criatura en una 
forma única durante los nueve meses de gestación, 


46 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


en el parto en sí, y aun durante cierto período de 
tiempo después. También hemos insistido en la 
responsabilidad de la pareja como tal; en otras 
palabras, los hombres no podemos simplemente 
“lavarnos las manos” cuando se trata de haber 
procreado un nuevo ser, no importa cuál sea el 
status de la relación con su madre. Por otra parte, ni 
nosotros los padres, o el Estado o la iglesia, los 
médicos o los abogados, o quienes fueren, tienen en 
principio el derecho de decidir por la mujer (a 
menos, como ya vimos, que ésta se halle física y 
mentalmente imposibilitada de hacerlo). Lo ideal es 
que la decisión a que se llegue sea tanto de la mujer 
como de la pareja en sí, en el marco del apoyo 
familiar y comunitario, y especialmente de la comu- 
nidad de fe, como señalaremos más adelante. 


Decidir sobre el aborto es ejercer un poder 


Nuestras consideraciones anteriores ponen de 
relieve que las decisiones en torno al aborto son 
también expresión de poder. Se trata en primer 
lugar del poder sobre la vida humana e inocente del 
ser en gestación. Además, las decisiones en torno al 
aborto implican poder sobre la vida, la salud y el 
cuerpo de la mujer; y también se ejerce poder en 
relación con la dignidad y la reputación de las 
personas involucradas. 

Esta realidad del poder se manifiesta crudamente 
cuando incluimos en este cuadro los aspectos 
económicos y legales sobre el aborto. Así podemos 
comparar las distintas posibilidades de las mujeres 
ricas y las pobres que se han decidido por el aborto: 
las pudientes que tienen los recursos a su alcance 
para hacerlo en forma “discreta” y en condiciones 
higiénicas, mientras que las más pobres a menudo 
recurren al aborto clandestino que pone en peligro 
su salud y su vida misma. La inmensa mayoría de 


¿Quiénes deciden sobre la opción del aborto? 47 


las mujeres que mueren a consecuencia del aborto 
(por ejemplo debido a hemorragias e infecciones 
masivas) son personas pobres que no han tenido a 
su alcance los medios adecuados de protección y 
seguridad para llevar adelante su decisión de abor- 
tar. Esto es un poderoso argumento para quienes 
defienden el derecho de la mujer a decidir sobre su 
cuerpo y sobre el aborto en particular, en todas las 
controversias en torno a la legalización del aborto. 
Con razón señalan la hipocresía de la sociedad que 
se hace de “la vista gorda” con respecto del aborto 
de los que tienen medios económicos, mientras 
discrimina cruelmente contra los pobres al no 
poner a su alcance los medios legales y médicos 
para preservar su integridad física y emocional. En 
este sentido, los defensores de la libre opción por el 
aborto, también destacan que todo equivale a que 
terceras personas, y el Estado mismo, toman una 
decisión negativamente y por adelantado (a favor 
del embrión o feto y en contra de la mujer embara- 
zada) cuando dicha decisión en realidad le corres- 
ponde a la mujer y a los suyos. Esta situación tiene 
además el agravante de que eso que otros deciden 
conlleva los serios peligros que ya hemos indicado. 
Además, los que así pretenden decidir por la mujer 
y se oponen al aborto, generalmente.no están 
dispuestos a compartir las consecuencias de un 
embarazo forzado y de la' venida al mundo de una 
criatura que no se desea. 


Decidir en soledad: la peor decisión 


Hay un área donde encontramos llamativo acuer- 
do en cuanto al impacto de la decisión a favor del 
aborto, sin distinción de clase o status social y 
económico: se observa que cuando la mujer decide 
abortar aislada del sistema de apoyo de su familia y 
otros seres queridos, las consecuencias tienden a 


48 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


ser más negativas y duraderas. Este es el caso 
especialmente cuando la decisión se ha hecho en 
forma apresurada y a escondidas, en medio del 
temor al escándalo y al rechazo emocional y social. 

Las causas de que muchas mujeres decidan en 
soledad pueden ser variadas. Sin embargo, casi 
siempre podemos encontrar un factor común y es la 
falta de comprensión que ellas intuyen, con mayor 
o menor razón, de parte de sus padres, sus compa- 
ñeros —novios, amantes, o esposos— y tal vez otras 
personas allegadas. (Desgraciadamente, a menudo 
la incomprensión y falta de sabiduría de los seres 
que nos rodean de hecho limita nuestras opciones, 
privándonos de recursos para escoger los caminos 
mejores.) El problema se complica porque después 
resulta más difícil compartir y procesar la experien- 
cia, lo cual a su vez puede hacerles sentir más 
aisladas y explotadas y desdichadas. En otras pala- 
bras, cuando esto efectivamente ocurre, se comple- 
ta así un círculo vicioso con la carga de ansiedad, 
pena, ira, culpa y mayor sentimiento de soledad. En 
tales casos, lejos de haber sido una solución o una 
liberación, la decisión apresurada de abortar así ha 
generado o desencadenado nuevos conflictos y 
tensiones, incluso a veces junto con síntomas tales 
como depresión, desórdenes en la alimentación y 
en el peso, adicciones, pesadillas, nuevos embara- 
zos compensatorios, y síntomas de alienación (o sea 
perturbación en el sentimiento de identidad y 
autocontrol). 


Cuando los motivos son egoístas 


Hoy día hay una tendencia generalizada a buscar 
soluciones rápidas y fáciles, a evitar cualquier 
incomodidad y responsabilidades mayores, y a dis- 
frutar de las cosas placenteras, con el menor 
sentido de compromiso que sea posible. A menudo 


¿Quiénes deciden sobre la opción del aborto? 49 


se piensa en la posibilidad del aborto justamente 
como expresión de motivaciones egoístas. Veamos 
algunos ejemplos a continuación. 

Entre las parejas en que la mujer trabaja afuera 
no faltan quienes consideran el aborto para poder 
mantener el buen nivel de vida de clase media que 
hacen posible los sueldos de los dos cónyuges. La 
pregunta que cabe en este caso, desde luego, es si 
se puede justificar el aborto cuando el matrimonio 
meramente desea seguir disfrutando una situación 
económica holgada. Hay que reconocer también 
que el factor económico tiene gran peso además en 
la sociedad en general, en el sentido de que se deja 
entrever que es más barato permitir que los pobres 
aborten, que tratar de cubrir el costo de los servicios 
sociales. Con el mismo razonamiento, suele decirse 
que es más práctico y económico el aborto de los 
fetos anormales que tratar de cuidar y educar a los 
niños anormales más adelante. (Con un argumento 
similar se podría justificar el homicidio en el caso 
de las personas gravemente enfermas, o de los 
ancianos que estén física o mentalmente muy 
deteriorados. ) 

Otra serie de motivos egoístas puede detectarse 
entre los hombres que no quieren asumir responsa- 
bilidad por el embarazo de sus novias o amantes. De 
hecho, se ha confirmado la observación de que la 
relación con el compañero juega el papel más 
importante en la decisión sobre el aborto. Además, 
se han hecho estudios que indican que los hombres 
de las clases media y alta son los que más apoyan la 
legalización o “despenalización” del aborto. La 
razón parece ser que cuando el aborto está facilita- 
do, es más fácil envolverse en relaciones sexuales; 
es decir, hay más mujeres disponibles para el 
placer. Desde luego, también hay que tomar en 
cuenta el problema de la irresponsabilidad sexual 
en el caso de muchas mujeres, lo cual con freche 






Y cs 
SS 





50 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


cia conduce a considerar la posibilidad del aborto. 
Un argumento muy usado en estos casos es que 
“toda mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo”, 
afirmación muy cierta y válida en principio (sobre 
todo cuando en la defensa del propio cuerpo se 
incluyen los deberes de cuidarlo adecuadamente). 
El problema reside en que, como ya hemos dicho, la 
criatura que se va gestando en el útero materno no 
es parte del cuerpo de su madre aunque ciertamen- 
te lo afecta de varias formas, como todos sabemos. 

Otro motivo egoísta que se está empezando a 
registrar entre los matrimonios de personas pudien- 
tes, es considerar el aborto cuando se prefiere tener 
una criatura del sexo distinto del que se puede 
detectar en el diagnóstico prenatal. Algunos obser- 
vadores señalan que en la mayoría de los casos de 
los que desean conocer el sexo del feto se trata de 
los que quieren tener un varón, de modo que se 
tiende a descriminar contra las niñas. (Además, con 
los avances de la genética humana se podría llegar 
a buscar el control y la selección de otras caracterís- 
ticas tales como la inteligencia u otros rasgos físicos 
y mentales. ) 

Necesitamos examinar además cuáles son los 
criterios utilizados para tomar una decisión tan 
importante como la del aborto. La verdad es que a 
menudo podemos caer en autojustificaciones y 
autoengaño. Consideremos los motivos que se men- 
cionan con mayor frecuencia. 

El argumento más común suele presentarse con 
una pregunta clave: “Después de todo, ¿por qué 
traer al mundo un hijo no deseado?” En primer 
lugar, los que así razonan parecen olvidarse de que 
el hijo o la hija ya está en el mundo, por así decir, 
aunque no haya nacido todavía. Pero aun suponien- 
do que la criatura no sea aceptada por los padres, 
cabe responder con otra pregunta clave: “¿Es razón 
suficiente para que no tenga derecho a nacer y 


¿Quiénes deciden sobre la opción del aborto? 51 


vivir”? O, “¿cómo se justifica que el derecho a la 
vida se haga depender de que la criatura sea 
deseada o aceptada por sus padres?” (Podríamos 
añadir aquí la observación común de que muchísi- 
mos embarazos no deseados concluyen felizmente 
con nacimientos que son motivo de alegría y 
satisfacción; o sea que numerosas mujeres que en 
su momento lamentaron su embarazo, volverían a 
dar a luz a sus hijos si tuvieran la oportunidad. ) 

Otra pregunta en apariencia muy válida es, “¿por 
qué debemos traer al mundo un niño que va a 
sufrir?” El interrogante nos apela especialmente en 
el caso de que el niño por nacer venga con alguna 
anormalidad; pero la verdad es que los riesgos, el 
sufrimiento y la lucha contra el mal y el el dolor son 
parte de la condición normal de todo ser humano. 
Además, nadie puede saber con seguridad cómo 
será la vida futura de sus hijos, aunque todos 
podemos confiar en que los problemas y sufrimien- 
tos lleguen a ser canales de bendición y de creci- 
miento emocional y espiritual, sobre todo cuando 
contamos con el apoyo y sostén de la familia y de la 
comunidad de fe, como destacaremos en seguida. 


La contribución de la iglesia al proceso de 
decisión 

Más arriba señalamos que la decisión en soledad 
es la peor decisión debido a que uno se aísla del 
sistema de recursos que normalmente están a 
nuestro alcance, especialmente a través de lazos fa- 
miliares y de la participación activa en la comuni- 
dad de la iglesia como “familia de Dios”. Ahora, al 
finalizar este capítulo deseamos indicar algunos 
principios sobre cómo puede ayudar la comunidad 
de fe cuando se piensa en el aborto. 

Comenzamos con la afirmación de que la iglesia 
debe ser una genuina familia espiritual, o sea que 


52 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


como familia de Dios cultiva un ambiente de 
confianza y respeto mutuos, y practica el arte de la 
oración fraternal y el consejo de los unos por los 
otros buscando identificar las alternativas mejores 
para cada uno. Cuando todo eso existe, entonces 
tenemos más libertad para compartir y para ayudar- 
nos mutuamente, y aun para acompañarnos unos a 
otros incluso cuando las decisiones no sean las más 
ideales o adecuadas. 

El cuadro de la iglesia según el Nuevo Testamen- 
to es el de un cuerpo —el “cuerpo de Cristo”— 
donde los discípulos del Señor buscan discernir la 
voluntad divina para la vida cotidiana, y donde se 
asume responsabilidad por las decisiones tomadas. 
En el caso del aborto, las decisiones normalmente 
deben ser hechas por la mujer o la pareja, como 
hemos visto; lo ideal es que también la comunidad 
de fe pueda contribuir a la decisión mejor según los 
casos, y que ayude a los individuos involucrados a 
vivir sabiamente con las consecuencias, incluso 
compartiendo las responsabilidades contraídas a 
raíz de cualquier decisión (por ejemplo, ya sea 
ayudando a una madre soltera a cuidar y educar a 
su hijo, o a darlo en adopción; o contribuyendo con 
apoyo material, emocional y espiritual en el caso del 
nacimiento de un niño anormal). 

Por lo tanto, instamos a los cristianos a que no 
tomen las decisiones en forma aislada, sino más 
bien que busquen el apoyo emocional y espiritual 
de quienes pueden ayudar dentro de sus comunida- 
des de fe, tales como ciertos líderes y otros herma- 
nos y hermanas capacitados y dispuestos, preferen- 
temente en grupos pequeños de ayuda mutua y 
sostén y apoyo. (De hecho, deberíamos poder con- 
tar con tales recursos en medio de todas las grandes 
decisiones o crisis que debemos enfrentar, ya sea 
en relación con enfermedades, cuestiones financie- 
ras, conflictos interpersonales, y muchos otros.) 


¿Quiénes deciden sobre- la opción del aborto? 53 


Por su parte, la iglesia como tal, y en especial su 
liderato y sus grupos de sostén y apoyo, no deben 
imponer posiciones rígidas o legalistas en torno al 
aborto, sino más bien deben ayudar a las personas 
involucradas a reconocer debidamente los factores 
y motivos que están en juego, las opciones a su 
disposición y también las implicaciones y conse- 
cuencias de sus actos y decisiones. Lo que sí hace 
falta es discernimiento y comprensión, junto a la 
capacidad y la buena disposición para acompañar a 
cada uno en el proceso de decidir con fidelidad. 
Creemos que, en última instancia, es necesario 
apoyar a la mujer o a la pareja cualquiera que sea la 
solución escogida cuando se ha pensado en el 
aborto. Justamente en el próximo capítulo nos 
referiremos al tema de las alternativas principales 
que se deben tener en cuenta en el proceso de 
decidir. 


5. ¿En qué consisten 
las opciones 
disponibles? 


La pregunta del título tiene en principio una 
respuesta muy simple: cuando se piensa en el 
aborto hay dos alternativas principales en juego, ya 
sea a favor o en contra de la vida de la criatura en 
gestación; y en el caso en que se decida llevar el 
embarazo a término y dar a luz, las opciones son 
básicamente dos otra vez, ya sea quedarse con el 
bebé o entregarlo en adopción. No caben dudas de 
que en cualquier caso se trata de una decisión 
difícil, que impacta de varias formas no sólo a la 
mujer embarazada sino también a las demás perso- 
nas que la rodean y, muy especialmente claro está, 
a la criatura que va creciendo y madurando dentro 
de su cuerpo. 

En este capítulo continuamos con el tema que 
iniciamos en el anterior, en torno a las personas 
involucradas en el proceso de decisión cuando se 
considera la posibilidad del aborto. Nos referiremos 
a cada una de las alternativas principales teniendo 
en cuenta varias situaciones de la vida real. Invita- 
mos a los amigos lectores a continuar el diálogo, 
identificándose en lo posible con las distintas perso- 
nas que de maneras diversas participan en la toma 
de decisión y son afectadas positiva y negativamen- 


94 


¿En qué consisten las opciones disponibles? du 


te y en grados varios, por los caminos que se 
escogen o se rechazan. 


Dar a luz y criar a la criatura 


Dentro de esta opción podemos considerar por lo 
menos los tres tipos de casos que mencionaremos a 
continuación. 

1. En esta primera categoría identificamos prime- 
ramente a numerosas mujeres casadas, quienes 
después de haber considerado la posibilidad del 
aborto por una variedad de motivos, tales como los 
que describimos en el primer capítulo, finalmente 
optan por llevar el embarazo a término, dar a luz y 
criar a sus hijos. Según el testimonio de tales 
personas, nuestra propia observación y también lo 
que registra la literatura sobre el tema, la gran 
mayoría de estas mujeres no se arrepienten de su 
decisión, aun en los casos de haber pasado por 
ciertos riesgos y dificultades; de hecho, mirando 
atrás, volverían a decidir a favor de la vida de sus 
hijos. 

El caso recién mencionado es en realidad el más 
común de todos, y se relaciona con el hecho de que 
el embarazo suele despertar normalmente ciertos 
temores y ansiedades junto con las alegrías y 
expectativas correspondientes. En otras palabras, 
es común y normal que por lo menos el pensamien- 
to y aun el deseo fugaz o recurrente del aborto se 
posen en la mente y el corazón de la mujer, aun 
cuando al mismo tiempo exista el deseo de dar a luz 
y Criar al hijo que ha procreado. 

2. Un segundo caso en este grupo de mujeres 
que optan no sólo por la vida de la criatura sino 
también por quedarse con sus hijos y ejercer la 
maternidad, está compuesto por adolescentes de 
toda condición social. Tal fue la situación de una 
joven, que comentamos a continuación. 


96 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


Al advertir que había quedado embarazada, Silvia 
(diecisiete años) decidió contar a su madre lo que le 
estaba ocurriendo. La reacción inicial fue una 
sorpresa muy desagradable entre otras cosas por- 
que se trata de una familia “de buen nombre” que 
nunca había tenido que bregar con semejante 
situación. La madre a su vez compartió la noticia 
con su esposo y ambos rodearon a Silvia de apoyo y 
comprensión en medio de la situación difícil que se 
había creado. Desde luego, esos padres debieron 
superar sentimientos de vergúenza y enojo, junto 
con la tentación de proponer el camino del aborto, 
en apariencia más fácil. Esta familia descubrió a su 
vez que necesitaba del sostén emocional y espiri- 
tual de su iglesia, pero al principio su comunidad de 
fe no estaba bien preparada para brindar tal sostén. 
Incluso no faltaron quienes querían disciplinar a 
Silvia por haber dado un mal paso y por haber 
causado lo que consideraban un escándalo y una 
mancha para todos. Felizmente prevaleció el espíri- 
tu de aceptación y perdón, comprensión y apoyo. La 
experiencia fue finalmente motivo de bendición 
para todos, y el nacimiento del bebé fue celebrado 
como un regalo de Dios. Silvia, sus padres y la 
iglesia como tal, reconocieron lo mucho que habían 
aprendido y crecido en medio de una situación 
nueva a veces muy dolorosa. ¡Ojalá todos estos 
casos tuvieran una culminación tan feliz! 

Desde luego, una etapa distinta comienza cuan- 
do se da a luz en medio de estas circunstancias, ya 
que la joven madre normalmente sigue viviendo en 
el hogar de sus propios padres hasta que forma su 
hogar más adelante. No hace mucho leí en el diario 
local una “carta abierta” de una madre de treinta y 
cinco años a su hija de dieciséis, soltera y embara- 
zada. Esa carta presenta en forma muy realista y 
saludable los nuevos retos y expectativas que in- 
cluye la situación que estamos considerando, y que 


¿En qué consisten las opciones disponibles? 57 


sería bueno tener presente. La carta decía lo 
siguiente. 

“Mi querida hija: 

Pronto tú también serás mamá y añadiremos otro 
miembro a nuestra familia; por lo tanto, es el 
momento de referirnos a ciertos cambios drásticos 
que ocurrirán en tu estilo de vida. Ya que te 
quedarás en casa, es importante que entiendas bien 
qué es lo que se espera de ti después de que nazca 
tu hijo. 

“Tal vez te resulte difícil jugar un doble papel. 
Por un lado seguirás siendo mi hija, mi responsabi- 
lidad. Espero que continúes honrando las mismas 
reglas y disposiciones como tus demás hermanos. 
Esto incluye hacer tus labores, limpiar tu cuarto y 
respetar a tus padres. Esperamos que cooperes y 
que continúes siendo una hija obediente. 

“Por otro lado, serás una madre, y tu hijo será sólo 
tu responsabilidad. Cuando necesite atención, de- 
berás atenderlo como corresponde. No esperes que 
el resto de la familia se encargue de cuidar al bebé, 
a menos que hagamos de antemano los arreglos 
necesarios. En otras palabras, tus amistades y 
diversiones tendrán que tener un lugar secundario. 

“A cambio de todo eso yo te prometo que trataré 
de no interferir en tus decisiones y acciones como 
madre de tu hijo, a menos que le pongas en peligro 
por negligencia o por abuso. Por supuesto que 
estaré muy dispuesta a ayudarte en todo lo posible; 
me encantará pasar mucho tiempo con mi nietito o 
nietita, sobre todo cuando sea conveniente para mí 
y nos pongamos de acuerdo sobre los horarios. 
Además, estaré muy dispuesta a contestar tus 
preguntas y mostrarte cómo hacer las cosas cuando 
tú me lo pidas. 

“En otras palabras, querida, puedes seguir con- 
tando conmigo. Pero te estás haciendo una persona 


98 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


adulta y es mi responsabilidad como madre tuya 
hacerme un poco a un lado para que tú sigas 
creciendo y pruebes tus propias alas. 

“Te amo, y no veo la hora de observar cómo 
criarás a tu niño. ¡Estoy segura de que serás una 
madre ejemplar!” 


Mami 


3. Todavía tenemos un tercer caso dentro de este 
grupo de mujeres quienes —con o sin el consejo, 
apoyo, o estímulo de otras personas— deciden 
continuar el embarazo y cuidar a sus hijos. Me 
refiero a las mujeres ya adultas cuya situación 
marital es “irregular” en algún sentido, ya sea 
porque son solteras, divorciadas, o porque viven en 
concubinato. La situación particular de Beatriz nos 
brinda una buena ilustración. 

Beatriz resultó embarazada a los treinta y un 
años mientras vivía con su amante Fernando, un 
señor divorciado, varios años mayor que ella. El 
embarazo no estaba en los planes de la pareja y, de 
hecho, la reacción de Fernando fue muy negativa al 
punto de dudar de que él fuera realmente el padre 
de la criatura en camino. Desde el comienzo, sin 
embargo, Beatriz decidió que estaba dispuesta y 
preparada para ser madre y que seguiría adelante 
con el embarazo. Eventualmente ella y Fernando se 
separaron y Beatriz dio a luz a Elisabet, una bebé 
muy saludable. Su vocación maternal, despertada 
sorpresivamente con el embarazo inesperado, se 
puso a prueba debido a las dificultades que tuvo 
que sortear para conseguir un nuevo empleo, 
cuidar a su hija y lograr más adelante que el padre 
de la niña reconociera su paternidad y comenzara a 
ayudar con los gastos de la crianza. Hoy, seis años 
más tarde, Beatriz nos dice que está viviendo la 
mejor etapa de su vida, ha formado un nuevo hogar, 


¿En qué consisten las opciones disponibles? 59 


se ha fortalecido su fe cristiana, y mira al futuro con 
esperanza. 

A pesar de la presencia de la pobreza económica 
que sufre gran parte del mundo hispano, los 
familiares de las mujeres que deciden dar a luz a 
menudo están dispuestos a compartir el cuidado de 
los niños y ayudan de varias otras maneras a tales 
madres. Cuando se puede contar con este generoso 
apoyo, desde luego es más fácil en principio optar a 
favor de la vida de la criatura y en contra del aborto. 


Dar a luz y entregar la criatura en adopción 


El primer comentario en este caso es una exten- 
sión de lo que acabamos de indicar en el párrafo 
anterior respecto al pueblo hispano. Lo que ocurre a 
menudo es que algún miembro de la familia prácti- 
camente “adopta” y cría a la criatura, aunque no se 
haga el trámite legal correspondiente, sobre todo 
cuando la madre de la criatura es una persona muy 
joven. Muchas veces son los propios abuelos del 
bebé, y en otras ocasiones algún familiar cercano, 
los que se hacen cargo de la crianza del niño 
mientras la madre continúa relacionándose con él 
en forma más o menos íntima y continua según las 
circunstancias (por ejemplo, dependiendo si vive 
cerca o lejos del hogar donde se aloja). Este tipo de 
adopciones “de hecho” suelen ser las menos com- 
plicadas y dolorosas para todas las personas involu- 
cradas, a menos que los niños carezcan de un 
sentido claro de identidad familiar y qué papel 
juega cada persona en ese grupo familiar. 

Cuando tal red familiar de sostén y apoyo no 
existe por una variedad de razones (por ejemplo, en 
el caso de mujeres solas en ciudades grandes), la 
alternativa que estamos considerando consiste en 
entregar la criatura en adopción según los recursos 
e instituciones legales correspondientes. 


60 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


Lamentablemente debemos apuntar que en cier- 
tos casos se da un comercio clandestino de bebés en 
el cual personas adineradas —a veces extranjeras— 
compran a las criaturas con la ayuda de intermedia- 
rios inescrupulosos, incluyendo a profesionales de 
la salud y abogados. Otro comentario lamentable 
que debemos hacer es que los trámites que requiere 
una adopción legal suelen ser largos y complicados, 
y a veces desmoralizantes para los matrimonios que 
desean adoptar niños. Desde luego, esta situación 
invita a eludir los caminos y procedimientos legales 
en busca de procesos más rápidos. Además, los 
problemas que envuelven los trámites legales, pue- 
den desalentar indirectamente también a las muje- 
res que consideran la opción de dar sus criaturas en 
adopción cuando advierten que tales criaturas po- 
drían quedar por mucho tiempo en alguna institu- 
ción antes de ser ubicadas en un lugar apropiado. 

Ruth es una señora divorciada de unos treinta y 
siete años de edad, quien resultó embarazada 
durante una relación amorosa que no cristalizó en 
un nuevo matrimonio como ella había supuesto y 
esperado. Ruth siempre ha tenido firmes conviccio- 
nes a favor de preservar la vida humana, especial- 
mente en el caso de la vida de los seres más 
indefensos e inocentes. Su propio embarazo fue 
ocasión de poner a prueba tales convicciones, sobre 
todo porque Ruth estaba llegando a la conclusión 
de que no podría ser la madre que necesitaba la 
criatura que llevaba en sus entrañas. Para el cuarto 
mes del embarazo tomó la decisión de que daría la 
criatura en adopción y que procuraría facilitar el 
proceso en la mejor manera posible. Contaba con el 
apoyo de sus amistades más íntimas y, en dos 
ocasiones, del consejo de parte del pastor de su 
iglesia. Ruth dio a luz sin complicaciones a un 
varón y el niño fue recibido bastante pronto por sus 
padres adoptivos quienes estaban a la espera del 


¿En qué consisten las opciones disponibles? 61 


nacimiento. Hasta el día de hoy, tres años más 
tarde, Ruth no se ha arrepentido de su decisión; 
confía que el niño está en buenas manos y que ella 
ha contribuido a la felicidad de su hogar de adop- 
ción. 


La decisión por el aborto 


En páginas anteriores nos referimos a varias 
situaciones en que se piensa en la alternativa del 
aborto, y quiénes participan en el proceso de 
decisión. Notamos sobre todo que decidir por el 
aborto implica ejercer un poder especial, que deci- 
dir en soledad y apresuradamente es la peor deci- 
sión, y que muchas veces se detectan motivos 
destructivamente egoístas de parte de las personas 
que toman tal decisión, así como en aquellos que la 
sugieren o la promueven. Hay muchas ocasiones, 
sin embargo, en que la decisión no ha sido apresu- 
rada sino producto de serio conflicto y aun confe- 
sión, como en el caso de la joven María Marta, que 
comentamos brevemente a continuación. 

Esta joven de diecinueve años estaba de novia 
con un muchacho dos años mayor que ella, con 
quien eventualmente decidió mantener relaciones 
sexuales utilizando medios anticonceptivos. Quedó 
embarazada debido a un aparente descuido y su 
novio prácticamente desapareció de la escena. La 
familia y la iglesia de María Marta le ofrecieron 
apoyo emocional y espiritual, con la esperanza de 
que ella decidiera llevar el embarazo a término. 
Recibió, además, consejería psicológica y la prome- 
sa de que se.le acompañaría en oración para que 
pudiese encontrar la mejor alternativa. La joven 
expresó varias veces no saber qué hacer, con una 
mezcla de ansiedad, vergúenza y temor. Al cabo de 
tres semanas optó por el aborto, aparentemente con 
la ayuda financiera del padre de la criatura, aunque 
se había roto la relación de noviazgo. 


62 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


Uno de los temas más debatidos en torno al 
aborto es el de las consecuencias para la mujer. La 
pregunta gue se hace en este sentido es: ¿cuál es el 
costo físico y emocional? Los que sostienen la 
posición contraria al aborto más intransigente ha- 
blan de graves perjuicios tanto para el cuerpo como 
para la mente de la mujer que aborta. Por ejemplo, 
en muchas publicaciones de origen católico se 
subrayan efectos perjudiciales posibles tales como 
lesiones graves y esterilidad, embarazos extrauteri- 
nos y aumento de abortos espontáneos, irregulari- 
dad en la menstruación, y el peligro de la misma 
muerte. Desde luego, estos riesgos son muy reales 
en los casos de abortos clandestinos sobre todo 
porque se realizan con escasas precauciones higié- 
nicas (y esto afecta mayormente a las mujeres 
pobres, como señalamos antes); sin embargo, hoy 
día parece que en condiciones de adecuada aten- 
ción médica, los riesgos físicos del aborto inducido o 
provocado no son significativamente mayores que 
los del parto normal. 

En cuanto a los perjuicios de tipo psicológico, de 
nuevo los que se oponen más tenazmente a toda 
causa y forma de aborto sostienen que hay que 
denunciar graves perjuicios tales como el costo 
emocional de fuertes crisis de depresión, angustia y 
complejos de culpa, y otros traumas psíquicos. 
Algunos estudiosos destacan, además, un cuadro 
de síntomas posibles incluyendo desórdenes en la 
nutrición, pérdida o aumento brusco de peso, 
tendencias a la adicción al alcohol y otras drogas, 
promiscuidad sexual, pesadillas recurrentes, ten- 
dencia a volver a embarazarse muy pronto para 
compensar la pérdida de la criatura abortada, etc. 
Por el otro lado, están los que sostienen posiciones 
opuestas, señalando que los otros estudios no son 
válidos por algún motivo, o están prejuiciados por 
las preferencias, opciones y valores de los antiabor- 


| 
| 
] 


¿En qué consisten las opciones disponibles? 63 


cionistas que interpretan o divulgan tales estudios. 
Ellos, a su vez destacan, de nuevo, que pueden 
observarse cuadros sintomáticos similares a los de 
postaborto en ciertos tipos de situaciones postparto 
relativamente normal. 

Para el tiempo cuando escribo estas líneas (año 
1989) el Director General de Sanidad de los Estados 
Unidos —quien personalmente se opone en princi- 
pio al aborto— acaba de revelar los resultados de un 
largo y detallado estudio comparativo de muchas 
observaciones médicas. Para sorpresa de todos, el 
doctor Koop ha declarado que los resultados no son 
concluyentes, o sea que no se pueden sacar conclu- 
siones categóricas en uno u otro sentido acerca de 
los perjuicios físicos y psíquicos del aborto inducido 
(por lo menos en lo que concierne a los abortos 
provocados bajo adecuado control médico). 


En conclusión... 


Volvemos a las palabras expresadas al comienzo 
del capítulo cuando decíamos que es fácil res- 
ponder a la pregunta del título —¿en qué consisten 
las opciones disponibles cuando se piensa en el 
aborto?— pero escoger la mejor alternativa siempre 
resulta en un proceso difícil y doloroso. Es una 
decisión tremenda porque tiene varias implicacio- 
nes para la mujer embarazada y las personas que le 
rodean, y especialmente para el ser humano que se 
está gestando en su cuerpo. En consecuencia, 
invitamos a los lectores a releer las últimas dos 
secciones del capítulo anterior donde destacamos 
algunas guías para apoyar a las personas en el 
proceso de decisión. Aunque en definitiva, cada 
situación es única e irrepetible, todas las personas 
que consideran las tres alternativas que hemos 
visto necesitan que se les demuestre genuina 
aceptación, respeto y comprensión (aunque no se 


64 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


apruebe totalmente su conducta o su decisión 
final), y se le estimule a discernir en forma libre y 
responsable. ¡Dichosos los hombres y las mujeres 
que pueden confiar en su familia biológica y 
espiritual en este proceso, y cuyas vidas permane- 
cen tomadas de la mano de Dios, el Creador y 
restaurador de la vida! 


6. ¿Debe despenalizarse 
y legalizarse 
el aborto? 


El aborto es también un problema legal. De modo 
que en toda discusión en torno al aborto no puede 
faltar una mención al tema de la situación legal 
envuelta, a la que ya hemos aludido de pasada sin 
entrar en detalles. La pregunta general que nos 
planteamos en los diversos países del mundo hispa- 
no es: ¿qué camino debemos seguir ante el desafío 
que nos plantea el problema del aborto en nuestras 
sociedades? 

Ya nos hemos referido al serio riesgo de la 
práctica frecuente del mismo sin garantías para la 
salud de la mujer embarazada. Todos reconocemos, 
además, que por mucho que el aborto se desaliente 
o se condene, se seguirá practicando; y reconoce- 
mos también que las mujeres pobres —la gran 
mayoría de la población— son por lo general las que 
más se exponen a graves peligros de la salud y de la 
vida misma. Justamente esta es una de las razones 
que con mayor convicción plantean los partidarios 
de liberalizar las leyes sobre el aborto: afirman que 
el aborto debe legalizarse por motivos humanita- 
rios, para acabar con tantos abortos clandestinos 
con sus serios riesgos, y para compensar las des- 


65 


66 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


ventajas de las personas pobres en cuanto a obtener 
el aborto en condiciones higiénicas aceptables. 
En los últimos quince o veinte años podemos 
notar una tendencia hacia la legalización más o 
menos amplia del aborto entre las naciones técnica- 
mente más avanzadas. También hay muchos entre 
el mundo hispano que consideran que esa debería 
ser la solución para terminar con los abortos crimi- 
nales y con la discriminación contra los pobres en 
esta área. Pero el panorama es confuso, incluyendo 
las estadísticas que se esgrimen a uno y otro lado 
del debate sobre el aborto. Tratemos, pues, de 
clarificar el reto que presenta la pregunta del título 
— ¿debe despenalizarse y legalizarse el aborto? 


“Despenalizar” y “legalizar”, ¿de qué se 
trata? 


Comencemos con una simple clarificación de 
términos. La prohibición legal del acto de inducir o 
provocar el aborto, por lo general se acompaña de la 
amenaza de diversas penas o sanciones (por ejem- 
plo multas, cárcel, u otras, según los casos) contra 
las personas que participan en la práctica del 
aborto. De modo que cuando se habla de despenali- 
zar se quiere decir que se retira la sanción penal 
que acompañaría a la práctica del aborto, debido a 
la infracción cometida; o sea, que el aborto provoca- 
do o inducido así ha dejado de ser un grave delito o 
un crimen. Estrictamente hablando, sin embargo, 
despenalizar no equivale a legalizar. El aborto 
queda legalizado cuando las autoridades de una 
nación promulgan leyes que reglamentan la prácti- 
ca del mismo, estableciendo los casos en que es 
permitido y los trámites que se deben seguir para 
llevarlo a cabo. En otras palabras, podríamos decir 
que el aborto legalizado es el aborto debidamente 
despenalizado (porque no hay sanción o castigo 


¿Debe despenalizarse y legalizarse el aborto? 67 


contra su práctica, al menos en ciertos casos 
específicos) y regulado (porque hay normas sobre 
cuándo y cómo puede realizarse). 

Las personas que se oponen tenazmente al 
aborto afirman que cuando éste se despenaliza o se 
legaliza, aunque conceptualmente no se trata de 
términos idénticos, la consecuencia en ambos casos 
es generar actitudes y comportamientos equivalen- 
tes; así señalan que se empieza a ver el aborto como 
un asunto de moral privada y como un derecho, 
especialmente como un derecho de la mujer a su 
vida y a su cuerpo (y, por extensión, como un 
derecho de la pareja también). En otras palabras, se 
trataría del derecho de disponer de la terminación 
del estado de embarazo en perjuicio de la vida de la 
criatura que se va gestando. 


Dilema moral... problema legal 


Así es como se plantea, precisamente, el gran 
dilema moral que el aborto nos presenta en torno a 
esa vida humana que es el embrión y el feto en 
proceso de desarrollo y maduración, como explica- 
mos en el segundo capítulo. Por tratarse de una 
vida humana, esa criatura en gestación tiene dere- 
cho de ser protegida. El conflicto surge, desde 
luego, toda vez que ese derecho compite con los 
derechos de los demás, especialmente la madre. En 
los casos ilustrativos que hemos estado consideran- 
do en detalle, notamos varias situaciones distintas 
en que aparece tal conflicto. Destacamos la respon- 
sabilidad de la mujer sobre todo en cuanto a la toma 
de decisión cuando se piensa en el aborto; pero 
ahora debemos referirnos a la otra cara del dilema 
moral y es la cuestión del derecho y la legislación 
correspondiente al aborto y temas relacionados 
(como el de la adopción) la cual está en proceso de 
cambio en varios países hispanoamericanos. 


68 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


Lo que se procura es establecer una salida legal 
adecuada para el problema del aborto tal como se 
presenta en nuestros días. La tendencia general es 
reducir la despenalización a unos pocos casos 
restringidos y ofrecer garantías médicas para que 
no corra peligro la vida de la madre. Así es que los 
proyectos de ley suelen incluir la legalización en los 
casos de peligro de muerte para la mujer embaraza- 
da, de violación o incesto, y de malformación fetal, y 
a esto nos referiremos más específicamente a 
continuación. 


¿Por qué se despenaliza y legaliza el aborto? 


En principio, todos estamos de acuerdo en que en 
los casos que siguen se trata de permitir, regular y 
facilitar legalmente el aborto sólo como un mal 
menor. Como veremos, sin embargo, esto no basta 
para solucionar el dilema de fondo que nos plantea 
la posibilidad del aborto. 

En el aborto terapéutico tenemos el caso más 
típico del conflicto entre dos vidas, la de la madre y 
la de su hijo en gestación. Si es que establecemos la 
inviolabilidad o santidad de la vida humana, ¿cuán- 
do es lícito suprimir una de ellas? El argumento 
común es que preferimos que muera uno de los dos 
seres y no los dos. Sin embargo, es más correcto y 
moral decir que debemos optar no entre una o dos 
muertes, sino entre una muerte y dos vidas. El 
dilema “aquí es, entonces, matar uno (el feto) o 
salvar a los dos. Y la verdad es que a menudo no 
sabemos a ciencia cierta si la muerte de la mujer es 
inevitable si no se mata al hijo que lleva en su 
vientre. Además, los avances médicos hacen que 
cada día sea más factible salvar a ambas vidas. 

El problema se complica cuando uno comienza a 
hablar no sólo ya de salvar la vida de la madre sino 
de preservar su salud, especialmente cuando se 


¿Debe despenalizarse y legalizarse el aborto? 69 


trata de la salud mental y emocional de la mujer 
embarazada. Esto abre la puerta a toda clase de 
abusos porque la definición de salud mental y 
emocional es muy imprecisa; para muchos es casi 
sinónimo de “felicidad” o “tranquilidad”, en el 
sentido de no complicarse la vida con nuevos 
problemas e incomodidades, tales como los que 
puede ocasionar cualquier embarazo. En nuestra 
opinión, es muy difícil, si no imposible, justificar un 
aborto terapéutico en estos casos, aunque a veces 
ese justificativo se emplea también en la situación 
que describimos a continuación. 

El aborto por razones éticas tiende a legalizarse 
cuando el embarazo ha sido el resultado de una 
violación así como también en los casos de incesto. 
Los que rechazan totalmente el aborto preguntan, 
no sin razón, si optar por el aborto bajo estas 
circunstancias no puede suponer un nuevo trauma 
que se añade entonces al de la violación en sí. De 
nuevo, el principio de la santidad o inviolabilidad de 
la vida humana nos obliga a reconocer que en el 
seno de esa madre hay una nueva vida distinta de la 
suya, que es inocente y carece de protección. Pero, 
por otro lado, ¿es humano obligar a una mujer a 
llevar un embarazo a término en tales condiciones? 
Lo ideal sería ayudarla eficazmente a superar el 
trauma de la violación, apoyarla hasta que dé a luz, 
facilitar la crianza y la educación del niño o de la 
niña que nazca o —de ser preferible o necesario— 
hacer posible la adopción de la criatura en un hogar 
adecuado. Lamentablemente, a menudo estamos 
lejos de alcanzar el ideal... 

El aborto eugenésico es el típico tercer caso de 
despenalización y regulación del aborto, es decir, 
cuando se prevén malformaciones en la criatura en 
gestación. Quienes se oponen totalmente al aborto 
señalan que aquí estamos ante el caso de que por 
ley determinamos el mayor o menor valor de la vida 


70 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


humana; o que esto supone que para el Estado hay 
seres humanos de primera y segunda categorías. 
¿Tienen los niños “normales” más derecho a vivir 
que los “subnormales”?; ¿qué de las personas con 
impedimentos y trastornos físicos y mentales? ... 
¿qué de los ancianos incapacitados. . .? 

El debate aquí también podría resultar muy 
acalorado, como lógica expresión del serio dilema 
que nos presenta este caso en particular cuando se 
trata de legislar sobre el aborto, lo cual nos lleva al 
próximo punto. 


¿Para qué sirven las leyes? 


Podemos comenzar afirmando que, en cualquie- 
ra de nuestros países, el Estado debe ser garante del 
bien común y de los derechos de todos los ciudada- 
nos. Ahora bien, el Estado no crea o funda ni 
tampoco concede los derechos fundamentales que 
tenemos como seres humanos; su deber es más 
bien reconocerlos y protegerlos. Y entre los dere- 
chos primarios de la persona se destaca, en primer 
lugar, el de que todo ser humano tiene a su propia 
vida. 

Por regla general, la constitución de cada país 
afirma de una u otra forma que todos tenemos tal 
derecho fundamental a la vida. Pero cuando el 
aborto se despenaliza y legaliza es obvio que se está 
permitiendo y regulando la destrucción de un ser 
humano inocente e indefenso. Es decir, que en 
estos casos el Estado suspende, o simplemente 
elimina, el derecho a la vida, por considerarlo un 
“mal menor” (cuando el “mal mayor” sería, por 
ejemplo, la muerte de la mujer embarazada). 

Quienes se oponen radicalmente al aborto insis- 
ten, sin embargo, en plantear ciertas preguntas 
clave también aquí, como las siguientes: cuando lo 
que está en juego es la vida de un ser humano, 


¿Debe despenalizarse y legalizarse el aborto? 71 


¿puede decirse que tolerar la destrucción de seres 
inocentes es un “mal menor”?; si el Estado admite 
el valor supremo de la vida humana, ¿cómo es que 
puede tolerar o permitir tal destrucción?; ¿por qué 
dejar así sentado el principio de que el Estado 
pueda autorizar a alguien a disponer de la vida de 
un ser inocente e indefenso como lo es el feto? En 
fin, el argumento antiaborto expresa la gravedad 
del hecho de que el Estado “civilizado” de hoy día 
no trate de evitar a toda costa ni penalice un hecho 
que atenta contra la criatura humana más frágil. 

En el otro lado de la controversia están los que 
sostienen que las leyes no pueden hacer otra cosa 
que aceptar la realidad tal como es, es decir, sin la 
intención o pretensión de corregirla o aun mejorar- 
la de fondo. En otras palabras, según este argumen- 
to las leyes no pueden hacer mucho más que 
regular y “normalizar” la acción y la convivencia 
entre los seres humanos. En el caso del aborto, esto 
significa aceptar en principio la lamentable realidad 
del aborto que ya existe, reconocer ciertas causas 
que lo justifiquen en algunas situaciones, y evitar 
males y daños mayores. Los antiabortistas por su 
parte subrayan más bien que las leyes tienen 
además un papel educativo junto con la finalidad de 
promover activamente el bien común, incluyendo 
la orientación moral de la opinión pública respecto 
al problema del aborto. 

Como cristianos, por un lado compartimos cierto 
pesimismo en general sobre la capacidad humana 
—incluyendo al Estado y las leyes— de ayudarnos a 
cambiar notablemente (lo cual sería una “conver- 
sión” que es sólo don de Dios) y a erradicar los 
males de fondo, que son expresión del mal y del 
pecado. Por otro lado, sin embargo, como ciudada- 
nos responsables tratamos de que las leyes y los 
reglamentos que se creen contribuyan a facilitar el 
bienestar de todos, la libertad, la paz y la justicia. 


72 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


En fin, procuramos que las leyes estén en lo posible 
en consonancia con los valores del reino de Dios. 
Por eso participamos a través del voto a favor de los 
legisladores más idóneos, de la petición o inter- 
cesión frente a las autoridades establecidas, de la 
palabra profética que señale los males e indique 
también alternativas mejores, y otras formas de 
contribuir a un mundo mejor. En este sentido, 
aspiramos a que las leyes sean justas y ayuden a 
mejorar la calidad de vida de toda la población, 
comenzando por cierto con los menos favorecidos, y 
haciendo posible una digna acogida humana a todo 
ser que viene a este mundo. 

Sin embargo, no debemos tratar de imponer a la 
fuerza nuestras convicciones y nuestra moralidad 
cristiana a todos los demás. Como hemos expresado 
anteriormente, es como discípulos de Jesucristo 
que nos comprometemos a seguirle radicalmente y 
así vivir la nueva vida dentro de la sociedad. En 
otras palabras, esto requiere la decisión libre de 
recibirle como Salvador y Señor y formar parte de la 
comunidad de fe que es la iglesia. 

Para finalizar este capítulo, podemos clarificar un 
poco más estas últimas observaciones sobre nuestro 
compromiso y nuestra posición como ciudadanos 
cristianos. 


Los cristianos, el Estado y las leyes 


En principio apoyamos la idea de que el Estado 
ha de ser neutral —es decir, no tomará partido— en 
cuestiones de conciencia, sobre todo cuando están 
en juego principios y valores de tipo religioso. El 
problema surge, sin embargo, cuando se trata de la 
vida misma humana como en el caso del feto. 

Si la sociedad se mantuviese neutral y permitiese 
practicar su creencia a los que con sinceridad y 
honestidad creen tener el derecho de eliminar a 


¿Debe despenalizarse y legalizarse el aborto? 73 


ciertas categorías de personas, habría un caos 
tremendo. Por eso afirmamos que el Estado debe 
abrazar con fuerza el principio de la santidad o 
inviolabilidad de la vida humana. De hecho, es 
interesante notar que, fuera del caso del aborto, 
nadie alega hoy día que una persona debe ser libre 
para quitarle la vida a otra meramente porque la 
primera persona está convencida de que la otra no 
es plenamente humana. 

Nos inclinamos a pensar que el aborto es una 
forma de homicidio, o sea provocar la muerte de un 
ser humano. Creemos, además, que aunque debe- 
mos permitir o tolerar las decisiones y acciones de 
los demás, siempre y cuando se hagan cargo de sus 
consecuencias, esa tolerancia y ese permiso no 
deben extenderse al derecho de quitar la vida a 
otros seres humanos. Es decir, que la sociedad y el 
Estado no tienen la obligación de otorgar a nadie el 
derecho de matar, aun cuando los que reclaman tal 
derecho no crean que se trata de un verdadero 
homicidio. 

Frente a la triste realidad del aborto, sin embargo, 
¿qué podemos hacer? En primer lugar, debemos 
seguir hablando del carácter humano de la vida del 
feto, y hacer del aborto en principio una opción 
mucho menos atractiva de lo que es comúnmente; 
además, debemos desalentarlo y rechazarlo siem- 
pre que se presente como mera forma de controlar 
la natalidad. Segundo, debemos procurar hacer 
mucho más atractiva y saludable a la responsabili- 
dad sexual (así evitando el embarazo indeseado en 
parejas y matrimonios) y la vida familiar misma. Es 
decir, que debemos desarrollar una perspectiva a 
favor de la vida en todas las dimensiones que sea 
posible, aunque reconozcamos que tal debe estar a 
cargo primeramente de nuestra propia familia y de 
nuestras iglesias e instituciones religiosas. Más 
concretamente, algunas posibilidades específicas 


74 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


dependen de que se arbitren los recursos legales y 
económicos con el fin de: 

—mejorar los sistemas y métodos de educación 
sexual y planificación familiar; 

—dar asistencia a los programas de apoyo a las 
mujeres que llevan el embarazo a término; 

—ayudar especialmente a las familias de escasos 
recursos y a las madres solteras; 

—hacer provisión para que todos los niños reci- 
ban adecuada prevención, protección y asistencia 
médica, escolar, etc., incluyendo mejoras en el 
reconocimiento legal de los llamados “hijos natura- 
les”; 

—mejorar los sistemas y procedimientos de la 
adopción y promoverla más activamente, incluyen- 
do los servicios de orientación y consejo correspon- 
dientes; 

—prevenir y condenar efectivamente el abuso y 
la violencia sexuales contra las mujeres; 

—expandir los servicios escolares para niños con 
impedimentos y deficiencias mentales, físicas, etc.; 

—poner a disposición de los sectores pobres 
oportunidades de trabajo y de asistencia escolar, 
médica, legal, etc.; 

—responsabilizar más eficazmente a los hom- 
bres/padres para que brinden el apoyo y sostén 
adecuados en los casos de personas solteras o 
divorciadas; 

—atacar males socioeconómicos estructurales 
que fomentan la pobreza, el hambre y la miseria, 
fallas en los sistemas de salud, educación, etc. 

A menos que los antiabortistas estén a favor de 
tales cambios y otros por el estilo, seguirán siendo 
vulnerables a la crítica de que sólo se preocupan de 
la vida humana antes del nacimiento y que, por lo 
tanto, son inconsecuentes o —peor aún— hipócritas. 
Lo ideal es que todos trabajemos a favor de la 
calidad de vida en todos los planos, incluyendo la 


¿Debe despenalizarse y legalizarse el aborto? 75 


lucha contra toda injusticia y opresión, el militaris- 
mo, y otras formas de violencia. En fin, la meta es 
promover que haya una política social positiva para 
que exista una alternativa mejor que el aborto, que 
sea posible y digna; es decir, más verdaderamente 
humana. 


7. ¿Cómo orientar. ... 
cómo ayudar? 


En buena medida ya hemos aludido al tema 
particular de este capítulo, por lo menos en forma 
indirecta al hacer referencia a los procesos y las 
alternativas que deben considerarse cuando se 
piensa en el aborto. De modo que podremos abre- 
viar bastante la discusión y señalar algunos princi- 
pios clave que deben observar los consejeros, edu- 
cadores, pastores y otras personas que tienen la 
responsabilidad y la oportunidad de servir frente al 
reto que el aborto nos plantea. Podemos, entonces, 
considerar dos aspectos principales que son los que 
el título mismo sugiere, es decir, el educativo y 
preventivo, por un lado y el más propiamente 
asistencial, por el otro. 


La orientación educativa y preventiva 


El refrán lo dice bien: “mejor prevenir que 
curar”; y el caso del aborto reclama precisamente 
comenzar por aquí. Sin embargo, no quisiéramos 
considerar el tema meramente en el sentido negati- 
vo de evitar un mal o un daño, sino más bien con la 
idea de que estamos llamados a educar y formar 
para la madurez y la vida buena. En la medida en 
que logremos semejante objetivo, estaremos desde 
luego contribuyendo también específicamente a 


76 


¿Cómo orientar... cómo ayudar? 77 


“prevenir” y proteger. ¿Cuál debe ser el contenido 
de tal orientación? Proponemos tener en cuenta 
principios como los que figuran a continuación y 
que presentamos en forma sintética: 


1. Afirmamos la necesidad de enseñar y practi- 
car una escala de valores acorde con el evangelio 
del reino de Dios, es decir, pautas y sentido de 
orientación que se desprenden de la vida y el 
ministerio de Jesucristo. Concretamente, se trata 
de la práctica del amor y la justicia de Dios en todos 
los planos, tal como se presenta por ejemplo en las 
enseñanzas del Sermón del monte (Mateo, capítu- 
los 5, 6 y 7). Entendemos que la educación con 
vista a la formación del carácter es fundamental 
porque el comportamiento humano, incluyendo las 
decisiones clave que debemos tomar, refleja en 
buena medida la escala de valores que cada uno 
tiene, sus convicciones más profundas, y su sentido 
de dirección en la vida. De modo que podemos 
esperar que las parejas y las mujeres en particular 
que hayan desarrollado tal formación moral y emo- 
cional, habrán de actuar responsablemente y a tono 
con tal orientación de manera especial frente a la 
alternativa del aborto. 


2. Un contenido muy especial de tal formación 
moral, de carácter y conciencia, es sin duda el 
respeto de la vida humana en todas sus formas. En 
el mundo en que vivimos y en medio de tanta 
miseria, violencia y opresión, es necesario crear una 
visión clara del origen, el destino, la dignidad y el 
potencial humano tanto en el plano personal como 
en el plano social. Tal visión incluye por cierto las 
sucesivas etapas del desarrollo a partir de la concep- 
ción, como vimos en el segundo capítulo, con el 
expreso rechazo de toda forma de violación del 
derecho a la vida. 


3. La motivación principal en todo este proceso 


78 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


de formación ha de ser el amor a Dios sobre todas 
las cosas, y al prójimo como a uno mismo. Ántes 
que exaltar el temor al castigo divino, debemos más 
bien educar en el “amor que echa fuera el temor” (1 
Juan 4:18). Esto incluye desde luego una actitud de 
humildad y modestia de parte de quienes tenemos 
la responsabilidad de educar, aconsejar o pastorear; 
es decir, nuestras convicciones y valores cristianos 
incluyen la aceptación y el respeto frente a los 
demás, especialmente cuando no comparten nues- 
tros puntos de vista. 


4. Un aspecto muy importante de la educación 
de nuestros niños y jóvenes debe apuntar sin duda 
a fortalecer la voluntad, o sea la capacidad de 
decidir y actuar conforme a nuestros valores y 
visión de la vida. Esto que es tan básico, hoy 
presenta un reto muy especial debido a la continua 
invitación al egoísmo y al placer que nos presenta la 
propaganda comercial, y el énfasis en los derechos 
propios aun a costa de nuestra responsabilidad para 
el bien común, que impera en el espíritu de nuestro 
tiempo. 


5. La educación de la sexualidad como tal, 
dentro del marco más amplio de formación del 
carácter que estamos proponiendo, es una necesi- 
dad muy particular, especialmente a la luz de los 
excesos que propone la idolatría del sexo en nues- 
tras sociedades, incluyendo no sólo la pornografía 
sino también toda manipulación del sexo y la 
sensualidad a nombre de una falsa “liberalización” 
de las costumbres. Las relaciones entre personas de 
ambos sexos, la redefinición del papel de la mujer 
en la vida contemporánea, y las nuevas posibilida- 
des de complementación en el seno del matrimonio, 
son algunos de los puntos que reclaman atención. 
Todo esto, claro está según una visión amplia de la 


¿Cómo orientar... cómo ayudar? 79 


vida y de la persona humana que abarque cuerpo, 
mente y espíritu. 


6. La educación para el matrimonio es otra 
necesidad impostergable que reclama los esfuerzos 
mancomunados de la familia, la escuela y la iglesia. 
La meta principal es contribuir al desarrollo armo- 
nioso de nuestros jóvenes de forma que puedan 
prepararse adecuada y maduramente para la vida 
conyugal y familiar, pudiendo contar con el sostén y 
el apoyo moral y material de sus propios familiares y 
de la comunidad eclesial. Idealmente, el matrimo- 
nio podrá ser visto por la pareja como expresión 
muy especial de su vocación humana de disfrutar, 
compartir, procrear, y en fin, participar de muy 
diversas formas en la vida social más amplia allí 
donde les toque vivir. 


7. Un aspecto de la mayor importancia a la luz de 
nuestro tema es, desde luego, la orientación para la 
maternidad y paternidad responsables como parte 
de la agenda educativa que estamos proponiendo. 
Se trata en primer lugar de profundizar el concepto 
y la experiencia de compañerismo y cooperación en 
la esfera sexual como expresión de amor mutuo. 
Incluye el sentido de autocontrol y su práctica 
consecuente que afirma dos cosas simultáneamente: 
por un lado el derecho y el privilegio de la pareja de 
deleitarse en las manifestaciones íntimas del amor 
erótico y sexual (aparte de la posibilidad de pro- 
crear); por otro lado afirma la decisión y el esfuerzo 
de procrear hijos en los tiempos más oportunos 
según el criterio de la pareja. De modo que habre- 
mos de poner al alcance de todos la información y 
los medios y recursos necesarios (tales como las 
técnicas y los métodos anticonceptivos), a fin de 
que la maternidad y la paternidad responsables 
sean una verdadera bendición para la pareja y para 


80 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


cada uno individualmente, así como para los hijos 
que ya tienen o para los que vendrán. 


Ayuda moral y psicológica 


Sin duda, no se puede establecer una separación 
muy marcada entre las actividades y metas inclui- 
das en la sección anterior sobre “educar” y “preve- 
nir”, y las que mencionaremos aquí en el sentido de 
brindar “ayuda”. Tal vez podríamos decir que en 
este caso se trata más bien de actitudes e interven- 
ciones de tipo sanador y restaurador. De nuevo sin 
pretender agotar el tema, destacaremos algunos 
principios a tener en cuenta a la luz de nuestro 
diálogo a lo largo de estas páginas. 


1. Lo ideal sería que toda mujer embarazada 
pudiera sentir que su estado despierta respeto, 
ternura, y aun admiración a su alrededor. Que ante 
los hechos consumados, bien sea porque se haya 
consentido o no consentido en el embarazo, en todo 
caso se brinde amor a la persona y se la trate con 
cuidado y compasión (o sea sensibilidad, y no 
lástima), es decir, con una actitud verdaderamente 
redentora y reconciliadora. Que la mujer en camino 
a ser madre soltera sienta la comprensión, el perdón 
y la disposición sincera de atenderla de parte de sus 
seres queridos y otras personas significativas. En 
definitiva habremos de reconocer que es la mujer 
generalmente quien debe tomar las decisiones 
últimas y vivir luego con las consecuencias y 
ramificaciones. 


2. Debemos entender que ni el embarazo fuera 
del matrimonio, ni el aborto provocado para inte- 
rrumpirlo son pecados imperdonables. Por lo tanto, 
podemos contribuir a que nunca una mujer, a pesar 
de haberse equivocado, resulte humillada y separa- 
da de sus seres queridos. El rechazo y la condena 


¿Cómo orientar... cómo ayudar? 81 


deben dar paso a los esfuerzos de recuperación para 
superar la situación de crisis cualquiera sea la 
circunstancia. Esto suele requerir ayuda especial 
para la mujer y la pareja en cuanto a orientación y 
consejo, y apoyo emocional, moral y espiritual. 
Según los casos, desde luego, puede haber cuestio- 
nes médicas y legales que atender también. En fin, 
como destacamos en el capítulo anterior, debemos 
involucrarnos a favor de que se provean los servi- 
cios necesarios para la población, especialmente las 
personas de menores recursos financieros. 


3. Combatamos decididamente la hipocresía rei- 
nante en muchas de nuestras sociedades: por una 
parte se estimula y se permite el libertinaje, parti- 
cularmente en la esfera de la sexualidad, y por otra 
parte se ignora o se desprecia a quienes resultan ser 
víctimas de una moralidad decadente. En otras 
palabras, necesitamos obrar también en un plano 
social y cultural más amplio que el de la asistencia y 
el tratamiento de personas y parejas. La ayuda 
moral y psicológica que estamos considerando in- 
cluye la oposición a aquellas formas de domestica- 
ción y alienación del pueblo, especialmente la 
juventud, comenzando con la crítica y la denuncia. 
Esto es lo que en el lenguaje bíblico se llamaría ser 
“voz profética” que confronta toda opresión y escla- 
vitud y que también anuncia alternativas mejores, 
todo según la inspiración del evangelio del reino de 
Dios. 


4. Un párrafo especial merece la situación de los 
hombres en medio de toda la problemática del 
aborto. Es lamentable comprobar con mucha fre- 
cuencia una especie de cobardía egoísta que se 
manifiesta con el intento de salir de la escena y no 
asumir responsabilidades. La ayuda sanadora en 
estos casos consistiría en cambiar radicalmente tal 
situación de modo que las mujeres no se sientan 
solas al enfrentar la crisis y al tener que soportar las 


82 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


consecuencias de los hechos y de las decisiones 
tomadas. Reiteramos en este sentido la necesidad 
de que se atienda la legislación vigente en nuestros 
países de modo que se logre una justa paridad de 
derechos y deberes entre hombres y mujeres; y que 
las autoridades apliquen consistente y efectivamen- 
te las leyes que ya tenemos en defensa de las 
mujeres, las madres y los hijos. 


5. Otra vez debemos hacer referencia especial a 
los factores económicos, que juegan un papel 
importante cuando se piensa en el aborto. En otras 
palabras, los esfuerzos a favor de una genuina 
“sanidad” a nivel de personas y parejas deben 
acompañarse de la atención del problema más 
amplio de las estructuras sociales injustas que 
mantienen en la miseria a la mayor parte de nuestra 
gente en América Latina. En este sentido invitamos 
al lector a revisar las sugerencias incluidas en la 
última parte del capítulo anterior a la luz del reto de 
brindar adecuada ayuda moral y psicológica a la 
mujer y a la pareja. 


Conclusión 


Comenzamos el libro señalando que el aborto es 
un tema que, por lo general, no tratamos en forma 
franca y comprensiva debido a que es un asunto 
complejo y candente. A través de estas páginas 
hemos explicado e ilustrado las principales dimen- 
siones de este serio problema que hoy enfrentamos 
en el pueblo hispano. También hemos propuesto 
ciertas líneas de reflexión y acción a partir de 
nuestras convicciones cristianas. Esperamos por lo 
tanto que el fruto de nuestra labor resulte útil para 
clarificar el panorama del aborto y brindar orienta- 
ción en medio de situaciones concretas cuando se 
piense en el aborto. A modo de epílogo, nos quedan 
por indicar las siguientes consideraciones que sin- 
tetizan nuestra posición sobre el tema. 

Primero, para nosotros está claro que, frente al 
aborto, no podemos dar una sola respuesta final, 
definitiva y tajante, porque tal respuesta no existe. 
No pretendemos ubicarnos en el lugar de Dios para 
juzgar y condenar a las personas que consideran la 
opción del aborto o la llevan a cabo. De hecho, en 
esta tierra nadie puede asegurar que tiene el 
patrimonio de la verdad absoluta, ni siquiera en el 
caso del aborto. Mientras tanto, todos estamos 
llamados a buscar la verdad y a obrar en fidelidad a 
los designios divinos para la vida. 

Segundo, siguiendo en principio la enseñanza 
bíblica a favor de la vida humana, no podemos sino 


83 


84 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


declarar nuestra oposición al aborto. Sin embargo, 
reconocemos también que cada situación específica 
debe considerarse por separado, con mucho respeto 
y sensibilidad. El mandamiento del amor al prójimo 
como a uno mismo abarca la aceptación incondicio- 
nal de las demás personas, incluyendo a los que 
piensan y actúan según otros valores o conviccio- 
nes. En especial, necesitamos desarrollar una acti- 
tud comprensiva y compasiva frente a las mujeres y 
parejas que contemplan la opción del aborto, aun 
cuando expresemos nuestro propio sentir y prefe- 
rencia a favor de alternativas mejores. 

Tercero, nosotros los hombres debemos cuidar- 
nos especialmente de no imponer a las mujeres 
ciertas formas de pensar y actuar en un problema 
que nunca hemos de sufrir tan directa y personal- 
mente como ellas, pero que hemos contribuido a 
causar. Por el contrario, nos corresponde asumir 
mayores responsabilidades en nuestras relaciones 
amorosas y sexuales, en nuestra vida conyugal, y 
en nuestras relaciones paterno-filiales. 

Cuarto, a todos nos conviene buscar en Dios la 
luz y el amor necesarios para prevenir en lo posible 
desgracias y sinsabores, para enfrentar en forma 
madura y justa las situaciones difíciles que se nos 
presentan, y para resolverlas como personas, pa- 
rejas, familias e iglesias con el espíritu mejor y con 
la confianza de que continuamos la marcha por el 
camino de la vida abundante. 


Apendice: 

Carta abierta testimonial 

a las parejas cristianas 
Daniel S. y Margaret A. Schipani 


Hemos decidido compartir algunas reflexiones 
que son fruto de nuestra vida como pareja matrimo- 
nial en más de veinte años. El mensaje no consiste 
en un estudio teórico ni tampoco tratar de presen- 
tarles un modelo ideal de actitudes, virtudes y 
valores cristianos. Se trata más bien del reflejo 
sencillo del punto de madurez que creemos haber 
alcanzado hasta aquí juntos en el peregrinar en la 
vida matrimonial y familiar con relación al tema 
que trata este libro. 

En lugar de aspirar a compartir un panorama 
completo del problema que nos ha estado ocupando 
en las páginas anteriores, o algún modelo de 
meditación sobre el mismo, nuestro objetivo es 
mucho más modesto: deseamos estimular la discu- 
sión y el intercambio de ideas y experiencias a nivel 
de la realidad concreta y personal, sabiendo que 
estamos llamados a aprender los unos de los otros. 
Es decir que hemos dejado de lado expresamente 
las consideraciones profesionales y académicas (in- 
cluyendo el hecho de que Daniel es psicólogo y 
consejero, y Margaret es enfermera) porque desea- 
mos destacar nuestro carácter de miembros de la 


85 


86 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


iglesia de Jesucristo y nuestras relaciones y papeles 
como esposos y padres. 


El marco de la familia de Dios 


No podríamos comenzar en otro lugar. Lo prime- 
ro que debemos afirmar es que nuestra reflexión 
surge del hecho de pertenecer a la comunidad de fe 
que es la iglesia. Para nosotros, esta “familia espiri- 
tual” condiciona los recursos de la “familia bio- 
lógica”. En otras palabras, pertenecer al cuerpo de 
Cristo trae aparejado nuevas responsabilidades y 
oportunidades, como ser las que tienen que ver con 
el bienestar total de los otros miembros o hermanos. 
Por la misma razón, no podemos sino contar con la 
confianza del apoyo, el consejo, el estímulo y el 
consuelo, en tiempos de prueba y necesidad, in- 
cluyendo nuestros errores y caídas. 

Según nuestra experiencia, debemos reconocer, 
sin embargo, que no siempre hemos contribuido al 
funcionamiento adecuado y fiel como miembros de 
la comunidad cristiana. Orar juntos y los unos por 
los otros es fundamental e indispensable; inte- 
resarse concretamente por la situación de los de- 
más, comunicando y visitándose, por ejemplo, tam- 
bién lo es. Sentimos que tenemos mucho que 
seguir aprendiendo en la práctica de discernir lo 
que es mejor para nuestras vidas y la de quienes 
nos rodean, en medio de la comunidad de fe; esto 
sobre todo a la luz de decisiones cruciales que todos 
debemos hacer como personas, parejas o familias. 
Es decir que no basta con encomendarnos unos a 
otros a la gracia y el poder de Dios, ni tampoco son 
suficientes los servicios que nos brindemos en 
medio de una situación de crisis o después de ella, 
por ejemplo. Necesitamos también participar en el 
proceso de orientación y de toma de decisiones, 
acompañándonos mutuamente, buscando juntos 


Apéndice 87 


alternativas mejores en función de nuestra fe y de 
nuestro compromiso común con Jesucristo y con el 
evangelio del reino de Dios. Todo esto, claro está, 
sin desconocer el hecho de que haya personas con 
capacidades, dones y ministerios especiales, tales 
como los pastores y consejeros. 

Una vez aclarado nuestro lugar de reflexión, 
viene luego la pregunta obvia: ¿Qué significa todo 
esto en términos del problema del aborto? Para 
nosotros, entonces, significa que no se trata mera- 
mente del dilema que enfrenta sola una mujer, o 
una pareja o familia, sino más bien un asunto que 
concierne a la hermandad como tal. Significa, 
además, que se podrán movilizar muchos y variados 
recursos de manera que, cuando se piense en el 
aborto, el enfoque, el tratamiento y la resolución del 
problema, revelen de varias formas la presencia y la 
guía del mismo Espíritu de Dios. 


Sobre la sexualidad y la planificación 
familiar 


En nuestra experiencia conyugal, la llamada 
“planificación familiar” estuvo condicionada al cur- 
so de nuestra relación como pareja según la situa- 
ción más amplia del marco de la vida del hogar, 
incluyendo nuestras vocaciones y trabajos. Nues- 
tros dos hijos —David y Marisa— nacieron en las 
etapas de nuestro matrimonio cuando habíamos 
decidido que los deseábamos y que estábamos en 
condiciones de tenerlos. En ambos casos hemos 
experimentado una inmensa gratitud por el hecho 
de que todo resultara satisfactorio tanto física como 
mental y emocionalmente. Sin embargo, también 
es cierto que hemos atravesado momentos de 
vacilación y ansiedad, inseguridad y temor. Even- 
tualmente sentimos que ya no estábamos dispues- 
tos a decidir la concepción de otros hijos mientras 


88 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


procurábamos ser buena madre y buen padre para 
David y Marisa en cada etapa de su desarrollo 
personal. 

Hoy no podemos sino afirmar enfáticamente la 
estrecha relación que existe entre nuestra relación 
matrimonial y las relaciones con los hijos, con sus 
múltiples influencias en ambas direcciones. Todo 
progreso en un aspecto se ha reflejado en el otro, así 
como los conflictos y las frustraciones. Nos maravi- 
lla advertir las posibilidades para aprender y cam- 
biar; y a veces nos desborda el sentido de responsa- 
bilidad o aun cierta carga ante lo que omitimos 
hacer con y por nuestros hijos además de los 
fracasos específicos por los que nos sabemos res- 
ponsables. En balance, sin embargo, nos conmueve 
constatar vez tras vez que Dios nos ha estado 
acompañando en el camino. 

El área de las relaciones sexuales en sentido 
estricto ha sido un escenario donde nuestra comu- 
nión ha ido experimentado progresos y ajustes 
concretos a través de los años. De hecho, a pesar de 
que tanto se ha hablado sobre maternidad! 
paternidad responsable y planificación familiar, 
así como de la importancia de la vida sexual de la 
pareja, nos parece que la discusión del problema 
del aborto ofrece una oportunidad especial para 
destacar aquellos temas. Porque antes de hablar de 
la posibilidad del aborto inducido o provocado, 
debemos afirmar la oportunidad real de prevenir el 
embarazo indeseado como expresión de madurez 
sexual. Y esto no sólo mediante métodos o técnicas 
anticonceptivas más o menos artificiales, sino tam- 
bién a través de manifestaciones del amor sexual 
que sean al mismo tiempo deleitosas para la pareja 
sin que conduzcan a la concepción. El aborto es 
una forma consciente y exclusivamente humana de 
destruir una vida en gestación; la sexualidad matri- 
monial puede incluir una inmensa variedad de 


Apéndice 89 


expresiones con un sello exclusivamente humano 
que —entre otras cosas— elimine la posibilidad del 
embarazo indeseado y, por lo tanto, de la alternativa 
del aborto que fue resueltamente condenada en 
este libro (es decir, el caso del aborto provocado 
meramente como control de la natalidad). La perti- 
nencia de estas consideraciones nos parece aún 
más obvia cuando advertimos precisamente que, en 
la gran mayoría de los casos de aborto, la motiva- 
ción es impedir el nacimiento de una criatura que 
no se quiere. 


Sobre el contexto de decisión 


En nuestro caso particular, afortunadamente 
nunca tuvimos que enfrentar la opción del aborto 
en lo que a nuestra propia experiencia se refiere. 
Sin embargo, en muchas ocasiones hemos discuti- 
do el tema en forma espontánea, coincidiendo en 
que —en última instancia— cualquier proceso de 
decisión deberíamos hacerlo como pareja. Es decir, 
que no querríamos dejar la responsabilidad de tal 
decisión en manos de la ley, de la sociedad, de los 
médicos o aun de la iglesia misma, a pesar de los 
beneficios que posiblemente recibiríamos de todas 
esas fuentes en cuanto a información, apoyo y 
asistencia. 

Lo que acabamos de decir no contradice la 
afirmación anterior sobre la “familia de Dios” sino 
que la confirma desde otra perspectiva. Es necesa- 
rio y deseable que nos beneficiemos del conoci- 
miento y la experiencia de la hermandad, así como 
de su apoyo moral y espiritual, y aun material. En 
muchos casos suele haber incluso profesionales 
competentes en el seno de la iglesia local, o que por 
lo menos están accesibles en su carácter de perso- 
nas idóneas e íntegras cuya experiencia profesional 
y cristiana nos mueve a confiar en ellas. Todo esto 
sin menospreciar, claro está, el aporte de los servi- 


90 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


cios de otras personas —profesionales o no— más 
allá de la iglesia. Sin embargo, debemos insistir en 
que la responsabilidad mayor en y por las decisio- 
nes es fundamentalmente nuestra. En la familia 
espiritual de la iglesia justamente debe existir un 
énfasis doble en este sentido: por una parte se 
confirma aquello de que, al decir de San Pablo, 
somos miembros los unos de los otros; y por otra 
parte, se afirma la responsabilidad y la voluntad de 
cada persona. Así es que resulta muy distinto tener 
que decidir por la propia cuenta en forma aislada, 
reservada o aun secreta, y poder hacerlo en el 
marco de una comunidad que intercede y acompa- 
ña incluso en medio de las consecuencias de 
decisiones erradas que hayamos podido tomar. 


Sobre la justificación del aborto 


Más arriba hemos reiterado nuestro rechazo total 
a la idea del aborto meramente como medio de 
evitar el nacimiento de un hijo indeseado y “no 
planeado”. Pero, como se ha demostrado en este 
libro, el problema es complejo y requiere varias 
consideraciones. Hay por cierto numerosas situa- 
ciones donde el aborto parecería justificarse por 
razones de índole médica y aun psicológica. No es 
el momento de intentar cubrir todo el catálogo de 
circunstancias imaginables en este sentido, y los 
amigos lectores pueden revisar los casos presenta- 
dos en las páginas anteriores. Nos interesa más 
bien compartir brevemente una reflexión testimo- 
nial. 

En nuestro caso, nos resulta curioso descubrir, 
en una mirada retrospectiva, cómo fueron cambian- 
do considerablemente nuestras reflexiones sobre el 
tema. En un principio creíamos tener claro que 
existen “situaciones límites” en las que podríamos 
recurrir al aborto (si supiéramos de antemano que 
un hijo en gestación padece malformaciones con- 


Apéndice 91 


génitas irreparables, si la vida de Margaret llegase a 
correr peligro serio a causa del embarazo, y otras 
por el estilo). Hoy ya no estamos tan seguros de que 
se deba decidir de antemano lo que haría la pareja, 
o la mujer especialmente, en medio de tales situa- 
ciones. Aún más, tenemos serias dudas de que haya 
muchas situaciones límites que se pueden conocer 
o anticipar en forma clara y objetiva. Por otro lado, 
en la sociedad moderna es fácil encontrar o imagi- 
nar razones para justificar el aborto como un 
derecho que se defiende a toda costa... 


Aborto y violencia 


Los comentarios que anteceden revelan nuestra 
convicción de que el problema del aborto debe 
encuadrarse en la cuestión más amplia del aprecio 
por la vida humana y el rechazo de la violencia 
destructora en todas sus formas y niveles. Como se 
argumentó antes, por más que se usen eufemismos 
como el de la “interrupción del embarazo”, el hecho 
es que se destruye una vida humana en gestación; 
se mata. Y lamentablemente existen muchas y 
variadas formas de insensibilizarnos frente a la 
violencia en sus múltiples manifestaciones. En el 
caso del aborto se procura convencer de que en 
realidad no se trata de la vida de un ser humano en 
las etapas más tempranas de desarrollo y madura- 
ción; o se insiste en los derechos de la mujer, la 
pareja, el Estado, o quien fuere, como si aquellos 
fuesen evidentemente más defendibles que los 
“derechos” del embrión y el feto; o se concede que 
la violencia psicológica en el trauma del embarazo, 
o de la nueva maternidad/paternidad justifica de 
por sí la liquidación del hijo, y así otros razonamien- 
tos por el estilo. 

No nos interesa a este punto entrar en una 
discusión detallada de aquellas consideraciones 


92 CUANDO SE PIENSA EN EL ABORTO 


comunes, sino más bien subrayar el hecho de que 
conviene incluirlas en una perspectiva social más 
amplia. La violencia destructora está presente no 
sólo en la guerra y el terrorismo o la represión, sino 
también en las estructuras económicas injustas y 
deshumanizantes que sufren nuestros pueblos en 
la América Hispana, se reflejan además en muchos 
de los valores y actitudes que orientan nuestros 
comportamientos y decisiones. Al fin de cuentas, el 
problema del aborto también debe percibirse a la 
luz de poderosos impulsos destructivos que sabo- 
tean y pervierten de continuo nuestras relaciones 
humanas. 

Creemos que es necesario y posible encontrar 
alternativas mejores que el aborto en vez de buscar 
el camino en apariencia más fácil del “mal menor”. 
Alternativas, en fin, en las que venzamos con el 
bien el mal. 


Conclusión 


A pesar de la firmeza con que estamos dispuestos 
a expresar y defender nuestro punto de vista, 
nuestras convicciones no incluyen un juicio conde- 
natorio de quienes sostienen otras ideas. Depende- 
mos como quien más de la gracia de Dios, y no 
pretendemos tener la respuesta segura y final ante 
este u otro problema ético que ponga a prueba 
nuestra integridad moral y emocional. Mientras 
tanto, sí podemos decir con gratitud que hasta aquí, 
en nuestra vida personal, como pareja y como 
familia, aquella gracia ha sido asombrosa. 





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Schipani, Daniel S. 

Cuando se piensa en el 
aborto 


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CUANDO se piensa en el aborto 


He aquí el libro que usted buscaba sobre un tem 
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ranzadas. El aborto representa un 
vel mundial y, por supuesto, en 
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- médico, social, económico, moral y espiritual. A 
Do o ear sectas. Ml les es causa de | 
















e mel An dE para informarse y 
AT ESbra un asunto ante el que no cabe la 
_ ignorancia o la actitud de escabullirse. 

1 doctor Daniel S. Schipani, psicólogo y pastor hi 

o, de nacionalidad argentina, es un hombre e 2% 

perimentado que sabe tratar en forma directa, sen 

práctica un tema difícil. El pastor, el o De 
adultos y a encontrarán en su lectura orienta- 

' ión y conse, do ES z 










eS ado la familia rante AN 
q Gutiérrez-Cortés 
Cuando la infidelidad asoma, A. Canclini 
Cuando el dinero causa problemas, J. L. Martínez 
end nos enfrentamos al divorcio, A. D. Gandini 
y > el padre cuida de la familia, W. Grant 


JKIAL MUNDO HISPANO "o, 


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